Opinión La Tercera Domingo 14 de julio de 2019

Doble estándar

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: La Tercera

Mientras los políticos de ambos bandos se disputan la bandera de los derechos humanos, estos se violan a vista y paciencia de todos en nuestras cárceles y esto no parece causarles mayor preocupación.

¡Quién diría que 30 años después del plebiscito la derecha le estaría disputando a la izquierda la bandera de los derechos humanos! Durante años la izquierda pudo enrostrarle a la derecha su falta de compromiso con los derechos humanos por avalar la dictadura de Pinochet.

Hoy, la tortilla se dio vuelta. Mientras el gobierno ha salido a defender al pueblo venezolano de la dictadura de Nicolás Maduro, parte de la oposición hasta hace muy poco defendía a Maduro y el Partido Comunista todavía patalea para “defenderlo”. Mencionar el contexto político de la violación a los derechos humanos en Chile le costó el cargo de ministro a Mauricio Rojas. A menos de un año de dicho acontecimiento, nada menos que Carmen Hertz alude al contexto político en Venezuela para “explicar” los asesinatos cometidos por el régimen de Maduro.

Pero no solo Venezuela le ha servido a la derecha para sacar al pizarrón a la izquierda en materia de derechos humanos. Ante las recientes muertes en el penal Punta Peuco (van 15 desde 2018), el gobierno puso esta semana urgencia simple a la Ley Humanitaria, que permite a los condenados de edad muy avanzada o con enfermedades terminales sustituir la pena por arresto domiciliario total. Sin duda, una muestra de humanidad.

Estas señales de preocupación del gobierno por los derechos humanos seguro sacan ronchas a la oposición, que fue la que por años luchó en Chile por restablecer la democracia y denunciar sus violaciones. Pero lo que a mí me saca ronchas es que mientras los políticos de ambos bandos se disputan la bandera de los derechos humanos, estos se violan a vista y paciencia de todos en nuestras cárceles y esto no parece causarles mayor preocupación.

Chile es uno de los países con mayor población carcelaria del mundo (proporcional a su población) y sus condiciones son infrahumanas.

Así lo establecen diversos informes emitidos por instituciones del Estado. El Tercer Estudio de las Condiciones Carcelarias en Chile (2016-2017), elaborado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, concluye que la situación en la que viven los privados de libertad es inhumana y que el Estado de Chile está incumpliendo gravemente múltiples tratados internacionales ratificados por nuestro país.

Los reclusos, según el informe, viven en malas condiciones (alto nivel de hacinamiento, falta de servicios básicos de higiene e, incluso, con carencia de camas para dormir) y están expuestos a altos grados de violencia. Uno de cada dos internos hombres no tiene la posibilidad de contar con un espacio propio para dormir; en el caso de las mujeres, esta cifra disminuye a una de cada tres. En 24 de los 40 penales visitados no se tiene acceso a baños ni agua potable las 24 horas del día, y 22 penales tienen una ocupación superior al 100 por ciento de su capacidad.

El informe de la Fiscalía Judicial de la Corte Suprema, realizado en 2017, establece que los principales problemas detectados en las cárceles chilenas son: hacinamiento, largas horas de encierro (entre 14 y 16 horas diarias), acceso insuficiente al agua en algunos recintos y violencia y torturas ejecutadas por parte de Gendarmería o por los mismos internos, entre otros. De hecho, el Estudio Mundial sobre Homicidio, publicado en 2019 por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, señala que Chile es uno de los países que presenta el mayor número de homicidios en las cárceles. Del total de homicidios registrados en Chile en 2016, un nueve por ciento ocurrió en un recinto penitenciario.

¿Por qué tanta preocupación por nuestros reclusos ancianos o con enfermedad terminal y tanto abandono por el resto de los presos? ¿Por qué nos conmueven tanto las violaciones a los derechos humanos en Venezuela o Filipinas y somos tan insensibles a las violaciones de derechos humanos de nuestros presos? ¿Por qué nos indigna más las “lujosas” celdas de los narcos que las miserables celdas del resto? Las cárceles en Chile son un basurero humano. ¿Alguien cree realmente que es posible la rehabilitación en esas condiciones? Ojalá los derechos de nuestros presos sean también territorio de disputa política, como lo son hoy Venezuela y Filipinas.

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