Opinión La Tercera Domingo 19 de mayo de 2019

¿Dónde está el Estado?

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: kyo azuma on Unsplash

Diariamente niños de distintas edades están desertando de las escuelas en nuestro país por diferentes motivos. Pero todos ellos comparten la misma experiencia: el abandono más absoluto por parte del Estado.

Mario es un niño extranjero de 16 años. Llegó a Chile con su madre y hermana hace seis años. Ingresó al colegio en quinto básico, al cabo de un año y medio abandonó la escuela porque los compañeros le hacían bullying. Al año siguiente, después de seis meses sin ir al colegio, se volvió a matricular en una nueva escuela. En este establecimiento, Mario estudió solo un año. Su madre decidió sacarlo porque sus compañeros lo hostigaban para que consumiera drogas. En un esfuerzo por conseguir un mejor colegio que se preocupara por su bienestar, la madre lo matriculó en un Liceo Bicentenario. En este liceo Mario estuvo un año y medio. A mediados de octavo básico decidió abandonar el colegio, nuevamente por bullying. Desde agosto del año pasado que Mario no va al colegio y nadie hace nada.

Mario es un niño tranquilo, no consume drogas ni alcohol y tampoco presenta problemas conductuales. Su historia escolar da cuenta de que es un buen alumno, le gustan mucho las matemáticas y la computación, pero su experiencia escolar ha sido un fracaso tras otro por los conflictos con sus compañeros. La madre de Mario se preocupa por él y le insiste en que debe ir a la escuela, pero es difícil para ella obligarlo, pues no vive con él; ella trabaja como empleada doméstica puertas adentros. Mario vive con su hermana y su sobrina, asume responsabilidades y toma decisiones de adultos, siendo aún un niño. ¿Dónde está el Estado para ayudar a Mario? El Estado para Mario no existe.

¿Cuántos Mario hay en Chile? Cientos de miles, según el último informe del Hogar de Cristo y la encuesta Casen. Diariamente niños de distintas edades están desertando de las escuelas en nuestro país por diferentes motivos. Pero todos ellos comparten la misma experiencia: el abandono más absoluto por parte del Estado. ¿Cómo es posible que no se encienda una alarma cuando un niño deja de ir a la escuela por diez meses seguidos? ¿Cómo es posible que todavía no sepamos cuántos niños están excluidos del sistema escolar y quiénes son? ¿Cómo es posible que destinemos proporcionalmente más recursos a los jóvenes de educación superior que a salvar a estos niños? ¿Quién se hace cargo de ellos?

Históricamente ha sido el sector privado el que se ha hecho cargo de estos niños. La Fundación Súmate del Hogar de Cristo tiene una larga trayectoria rescatando niños excluidos del sistema escolar, brindándoles una nueva oportunidad educativa adecuada a sus necesidades. Esta fundación, una de las más grandes del país, tiene solo cinco escuelas de reingreso para niños excluidos y varios programas de apoyo para niños que se vuelven a reinsertar en el sistema. El financiamiento que recibe del Estado es mínimo y se sostiene fundamentalmente gracias a la filantropía. Los parlamentarios se rasgan las vestiduras a la hora de hablar de la inclusión escolar, pero ello no se ha traducido en un aumento de recursos destinado a estos niños. La reforma tributaria, las pensiones, incluso la reforma a las isapres desata más pasiones entre nuestros políticos que asegurar algo tan básico como el derecho a la educación. Es cosa de ver cuántos recursos destina el Estado a estos niños para darse cuenta que hasta el gremio del Pisco tiene más defensores en el Congreso y obtiene más beneficios fiscales.

Hace dos días Mario se matriculó en un colegio. Gracias a la suerte y a la preocupación de su madre y cercanos, pudo ingresar a un colegio que tiene buenos resultados académicos. Me cuenta Mario que por primera vez siente que él le importa a los docentes y directivos de un colegio, quienes diseñaron un plan de trabajo para nivelarlo académicamente e insertarlo con sus compañeros. Además, Mario tiene la suerte de contar con un tutor de la Fundación Súmate, que lo acompaña en este proceso. Me pregunto por qué no podemos ofrecerles estas mismas oportunidades a todos los niños que están excluidos del sistema. Ellos son urgencia nacional. ¿Qué más hay que hacer para que el Estado esté presente allí donde se lo necesita?

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