Opinión La Tercera Domingo 9 de junio de 2019

Dudas sobre el debate curricular

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: Banter Snaps

El ministerio logró un equilibrio razonable y la propuesta en su conjunto es mejor que lo que había, pero ¿no será hora de reformar radicalmente nuestro currículo de enseñanza media, en línea con los desafíos del siglo XXI?

La eliminación de historia en su calidad de obligatoria para 3° y 4° medio ha generado polémica. La mayoría de las voces han salido a alertarnos sobre los riesgos de esta medida. ¿Cómo es posible eliminar esta asignatura, si ella es esencial para entender el acontecer del hombre? Sin duda una comprensión profunda de la historia permite iluminar aspectos que son constitutivos del ser humano, así como también relacionarnos de una forma más consciente con nuestro pasado y presente. ¿Pero no ocurre algo similar con otras asignaturas? La sociología, antropología y psicología son distintas formas de aproximarse al fenómeno de lo humano, iluminando diferentes aspectos, que son fundamentales para comprender mejor la sociedad, el ser humano y a nosotros mismos. La física, química y biología nos permiten relacionarnos con el mundo material y manipularlo. A través de ellas exploramos el universo, la materia, su origen, el movimiento y la vida. Y la economía, ¿no resulta fundamental contar con conocimientos básicos de economía para el ejercicio cotidiano de nuestra ciudadanía? ¿Y qué pasa con la literatura, la música, las artes visuales? ¿No son acaso ellas los tesoros de la humanidad? Y nos falta todavía la filosofía, la ciencia por excelencia, que pone en jaque todo el conocimiento en su búsqueda por las primeras causas y principios. Así podríamos seguir con cada una de las distintas disciplinas, pero ¿es posible tener una comprensión auténtica de la historia, la filosofía o la literatura con dos o tres horas a la semana? ¿No acaban todas estas asignaturas reducidas a un relato homogéneo, superficial y falso, dosificado en pequeñas cápsulas para ser ingeridas en dos horas semanales de clases? ¿Vale la pena seguir alimentando a nuestros jóvenes de esta manera?

Lamentablemente, el debate se ha concentrado en el valor de la historia y no en cómo estamos formando a nuestros jóvenes, que es de lo que se trata. ¿No deberíamos partir por la pregunta sobre la finalidad de la enseñanza media y, en particular, la de sus últimos dos años? Esta respuesta nos ayudaría a orientarnos a la hora de pensar su materialización. Recién aquí es pertinente el debate sobre las asignaturas, su profundidad y los grados de libertad que debemos entregar a los estudiantes. ¿Qué nos dice la experiencia internacional? En los países desarrollados la enseñanza media científica-humanista tiene por objeto desarrollar con mayor profundidad habilidades cognitivas en los estudiantes, así como también profundizar su autonomía, haciéndolos más libres y responsables. Para ello la gran mayoría de los países ha seguido la máxima: “enseñar menos, aprender más”. Esto no solo se traduce en mayor autonomía del estudiante como protagonista de sus aprendizajes, sino también en un currículo con pocas asignaturas obligatorias, un abanico amplio de asignaturas electivas, de las cuales los estudiantes eligen tres o cuatro, y distintos grados de intensidad, de manera que los estudiantes puedan elegir en qué áreas profundizar más. El fin que se persigue no es la especialización temprana, como algunos critican, sino principalmente poder desarrollar en los estudiantes habilidades analíticas, hermenéuticas y críticas, que son la base del pensamiento, y darles mayores responsabilidades en el ejercicio de sus libertades.

Nuestro plan de estudio para 3° y 4° medio científico-humanista contempla 10 asignaturas obligatorias solo para la formación general, a estas se agregan las asignaturas de la especialización. En total, más del 60 por ciento del tiempo lectivo se destinaba a esta formación general y solo un tercio del tiempo a profundizar en dos o tres áreas del conocimiento. La nueva propuesta curricular tenía el desafío de agregar una nueva asignatura, creada por nuestros parlamentarios, sin disminuir las pocas horas de libre elección. El ministerio logró un equilibrio razonable y la propuesta en su conjunto es mejor que lo que había, pero ¿no será hora de reformar radicalmente nuestro currículo de enseñanza media, en línea con los desafíos del siglo XXI?.

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