Opinión La Tercera, 30 de diciembre de 2018

Echémosle la culpa a la PSU

Sylvia Eyzaguirre T. |

La PSU no busca medir los conocimientos de enseñanza media de quienes rinden la prueba, no es un Simce de 4° medio, sino que su objetivo es identificar a los jóvenes con mayor talento académico.

Una vez más, la Prueba de Selección Universitaria (PSU) nos vuelve a enrostrar la desigualdad de nuestro sistema educativo. Los resultados de la PSU nos muestran que los jóvenes que estudian en liceos municipales, que en general provienen de familias de bajos ingresos, tienen dramáticamente menos oportunidades que los jóvenes de colegios particulares pagados.

La PSU no busca medir los conocimientos de enseñanza media de quienes rinden la prueba, no es un Simce de 4° medio, sino que su objetivo es identificar a los jóvenes con mayor talento académico.

En este sentido, la prueba busca ser predictiva en la distribución superior de rendimiento académico y no en la inferior, porque se utiliza como criterio de admisión para las carreras y las universidades más demandadas y, por ende, más selectivas. Por el contrario, bajo los 600 o 550 puntos deja de ser relevante la PSU como criterio de selección a las instituciones de educación superior.

De ahí que la PSU no sea un buen instrumento para fijar el puntaje de corte de quienes pueden acceder a beneficios del Estado para estudiar, pues pierde capacidad predictiva. ¿Qué tan predictivas pueden ser dos preguntas, que es la distancia entre 433 y 450 puntos en la prueba de lenguaje en 2017? En el otro extremo, si miramos quienes obtienen los mejores puntajes, que permiten acceder a las carreras y universidades más selectivas, advertimos que los jóvenes de colegios particulares pagados están sobrerrepresentados, mientras que los de liceos municipales están subrepresentados. Entre quienes obtuvieron 700 puntos o más (2017), el 56% estudió en un colegio particular pagado y solo 13% en uno municipal, que corresponde a 13,8 y 1% de los estudiantes de colegios particulares pagados y municipales que rindieron la prueba, respectivamente.

Si analizamos los estudiantes que entraron en 2016 a las dos universidades más selectivas de Chile (Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica de Chile), solo el 18% estudió en un establecimiento municipal.

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