Opinión La Tercera Domingo 22 de septiembre de 2019

El banco de todos

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: BancoEstado

Más allá de la casuística, me pregunto para qué tenemos un banco estatal, si es más excluyente que los bancos privados, más ineficiente y sus condiciones crediticias son peores.

Gloria es asesora del hogar y tiene 51 años. Después de décadas de esfuerzo para sacar a sus hijos adelante, ella quiso cumplir el sueño de la casa propia. Hace dos años ahorra mensualmente en su cuenta de ahorro para la vivienda del BancoEstado y hace nueve meses postuló al subsidio habitacional de clase media (Gloria tiene un ingreso líquido mensual de 700 mil pesos). Lamentablemente, no obtuvo el subsidio. Pero a Gloria el Estado nunca le ha regalado nada, así que decidió pedir un crédito hipotecario al BancoEstado, ¡el banco de todos los chilenos! No debiera ser difícil obtenerlo, pensó, pues tiene un historial bancario impecable y lo que paga de arriendo lo pagaría para el dividendo.

Después de un mes de haber entregado todos los papeles y sin nunca haber recibido ninguna noticia de la ejecutiva, Gloria fue al banco a averiguar qué pasaba. La ejecutiva le dijo que necesitaba acreditar un pie del 20% (Gloria tenía ahorrado solo el 10%) y un aval, pues su ingreso no era suficiente para el monto del crédito solicitado. Gloria consiguió el resto del pie y un aval. Presentó los nuevos papeles, pero pasó otro mes sin recibir ninguna respuesta. Tuvo que ir de nuevo al banco para saber qué sucedía, esta vez la ejecutiva le informó que había un problema con las imposiciones, se requería un documento con el sello de la AFP (los certificados de Previred no servían). Al día siguiente, Gloria entrega los nuevos documentos que acreditan las últimas 12 imposiciones. Pasa otro mes sin noticias. Después de tres meses de haber postulado, Gloria visita a la ejecutiva para ver cómo avanza su trámite. Tamaña sorpresa se llevó cuando la ejecutiva le explica que aún no ha presentado los papeles, porque hay problemas de consistencia con las liquidaciones de sueldo. Además, le exige justificar el ahorro del pie (demasiado dinero en tan poco tiempo) y aprovecha de comentarle que lo más probable es que la rechacen, pues su sueldo no es suficiente para el crédito que está solicitando y el aval tampoco sirve, pues al no ser cónyuge no se complementan las rentas. ¿Y por qué no me lo dijo el primer día que solicité el crédito?, preguntó sin recibir respuesta.

Antes de perder las esperanzas, Gloria prueba suerte con un banco privado. Cuál es su sorpresa cuando el ejecutivo la llama la misma tarde que entregó los papeles para decirle que había problemas con las liquidaciones de sueldo. Le explica el error y al día siguiente ella las lleva corregidas. Pero la gran sorpresa se la llevó una semana después, cuando el ejecutivo le avisa que su crédito había sido aprobado con el aval. Las condiciones del crédito eran mejores que las del BancoEstado, la tasa de interés era significativamente menor y solo le pedían un 15% de pie.

Hace pocos días, Gloria concretó la compra de su casa. El Estado no solo no la ayudó a través de un subsidio habitacional, ni otorgándole un crédito a través de su banco, sino que ella debió pagar más de 400 mil pesos al Estado por concepto de impuesto al mutuo. ¡El mundo al revés!

Más allá de la casuística, me pregunto para qué tenemos un banco estatal, si es más excluyente que los bancos privados, más ineficiente y sus condiciones crediticias son peores.

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