Opinión La Tercera Domingo 31 de mayo de 2020

El costo oculto del covid 19

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

Las medidas sanitarias adoptadas para disminuir la tasa de contagio del Sars-CoV-2 y con ello disminuir el número de muertos conllevan graves consecuencias para el bienestar de las personas.

El efecto adverso más visible es, sin duda, la crisis económica que genera el confinamiento. El aumento exponencial del desempleo producto del quiebre de pequeñas y medianas empresas junto con una inédita reducción de salarios en algunas industrias han afectado masivamente a las familias en Chile y en todo el mundo. Pero hay otros efectos colaterales menos visibles, pero sumamente dañinos para la población infanto-juvenil.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) nos advierte los riesgos que conlleva la suspensión de clases presenciales para la población infantil, especialmente para los niños más vulnerables, en un escenario de distanciamiento social y el confinamiento. La escuela cumple un rol fundamental en la protección de los niños y en propender a igualar oportunidades, al asegurar al interior del establecimiento iguales condiciones para todos. La suspensión de las clases presenciales puede impactar negativamente la alimentación, integridad y salud física y mental de los niños, así como su desarrollo cognitivo y socioemocional.

En Chile, la mayoría de los niños que asiste a escuelas y liceos con financiamiento público recibe alimentación en su establecimiento. El Ministerio de Educación (Mineduc) ha hecho un extraordinario esfuerzo por entregar semanalmente 1,6 millones de canastas alimenticias. Esta ayuda es fundamental, pero es probable que en el contexto de la crisis económica las raciones alimenticias sean utilizadas para alimentar a la familia completa y no exclusivamente a los niños. Otra preocupación es el aumento de la violencia intrafamiliar, que se ha observado en los últimos meses, y el maltrato infantil. Las medidas de confinamiento y la recesión económica impactan directamente en los factores que contribuyen a la violencia al interior del hogar, a saber: problemas económicos, hacinamiento, distanciamiento social y aumento del consumo de drogas y alcohol. En el último mes las denuncias al fono de orientación del Servicio de la Mujer y Equidad de Género aumentaron en 125 por ciento en relación con febrero-marzo. Esto es un llamado de alerta, pues sabemos que los abusos sexuales contra los niños se producen muchas veces al interior del hogar y estos no tienen posibilidad de pedir ayuda si están encerrados en sus casas. La violencia y la pobreza son dos factores que producen estrés tóxico en los niños y este puede generar problemas permanentes de salud mental. El principal problema que afecta a los jóvenes es la salud mental, y Chile presenta una de las prevalencias más altas en comparación con los países de la Ocde. Estudios basados en el brote epidémico del Sars en 2003 muestran que el confinamiento y el cierre de escuelas produjeron un aumento de ansiedad, depresión y estrés postraumático en los adolescentes.

Finalmente, las medidas sanitarias también han afectado el proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes, perjudicando especialmente a quienes provienen de las familias más vulnerables. La escuela cumple un rol fundamental en el intento por igualar oportunidades de aprendizaje. Por el contrario, las condiciones del hogar son críticas para el aprendizaje a distancia; de ahí que las familias de menores ingresos enfrentan los mayores obstáculos.

Las medidas sanitarias junto con protegernos del Covid-19 están provocando pobreza, hambre, violencia y más injusticia social. Es importante tener a la vista estos efectos para comprender el verdadero costo que tiene el confinamiento y quienes lo están pagando.

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