Opinión La Tercera Domingo 7 de julio de 2019

El debate sobre los liceos de excelencia

Ignacio Walker | Nicolás Eyzaguirre | Sylvia Eyzaguirre T. |

La Ley de Inclusión puede ser perfeccionada para encontrar un mejor equilibrio entre la no selección como regla general del sistema educativo y la selección por mérito o talento como algo excepcional para los liceos de excelencia.

El debate sobre los liceos de excelencia quedó pendiente al momento de la aprobación de la Ley de Inclusión, en enero de 2015.

Recordemos el fundamento del principio de no selección incluido en dicho cuerpo legal: son las familias las que eligen el colegio y no el colegio el que elige a las familias. Se trata de un principio que debe quedar a firme.

Ahora bien, ¿es el principio de no selección incompatible con los liceos de excelencia en base a un criterio de mérito académico? No necesariamente, y así también lo reconoce la propia Ley de Inclusión, aunque la forma de armonizar la no selección y el mérito quedó, como señalamos, pendiente.

Nuestro sistema educativo es altamente segregado por nivel socioeconómico, a pesar de que el 93% de los niños y jóvenes estudian en establecimientos escolares financiados por el Estado. ¿Cómo avanzar hacia un sistema más inclusivo?, fue la pregunta que intentó responder la Ley de Inclusión. El fin de la selección y el término paulatino del financiamiento compartido buscaban eliminar las barreras por parte de los colegios, con el fin de aumentar las alternativas escolares a las familias más vulnerables y con ello propiciar la integración socioeconómica al interior de los colegios.

Pero, por ejemplo, los deportistas de alto rendimiento, al igual que los músicos o bailarines, deben especializarse a muy temprana edad. Dado lo oneroso que resulta para el Estado la formación de excelencia en estos campos, tiene sentido que el proceso de selección sea en función del talento o mérito, como ocurre en muchos países del mundo. Algo similar sucede con los liceos de excelencia académica. En un país tan desigual como el nuestro, y con resultados escolares tan dependientes de la situación socioeconómica de los hogares, parece conveniente, desde el punto de vista social, contar con un puñado de liceos de excelencia académica que permitan una mejor oportunidad a niños y niñas destacados. La solución más de fondo es nivelar la calidad de todos los establecimientos financiados por el Estado con aquella que pueden solventar los establecimientos pagados; pero esta tomará tiempo y recursos adicionales que todavía no están disponibles. 

Se suele afirmar que los buenos resultados de estos liceos se deben únicamente al hecho de que seleccionan alumnos talentosos o de nivel socioeconómico alto. Hay estudios disponibles, sin embargo, que dicen algo distinto. Ellos muestran que estos liceos agregan valor, en línea con la literatura internacional, que también encuentra que estos establecimientos educacionales son un instrumento de movilidad social en países en vías de desarrollo.

En 2016, por ejemplo, solo el 18% de los estudiantes que ingresaron a estudiar a la Universidad Católica de Chile y Universidad de Chile provenía de un liceo municipal; de ese total, el 73% estudió en un liceo de excelencia. Además, estos liceos son los más integrados socialmente, reuniendo en sus aulas a niños de todos los quintiles de ingreso. El 70% de los estudiantes de Liceos Emblemáticos pertenece a una familia con un ingreso familiar inferior a $570.000 mensuales.

Ahora bien, se pueden hacer esfuerzos para que su integración social sea aún mayor y se deben definir con claridad los criterios que deben cumplir estos establecimientos para pertenecer al mencionado puñado de “excelencia”, a objeto de no ser una coartada que algunos usen para reinstalar la selección.

La evidencia no sustenta tampoco la idea de que la mera existencia de liceos de excelencia perjudique al resto de los estudiantes del sector público. Por el contrario, la poca evidencia más bien muestra que podría terminar mitigando la ventaja de los estudiantes de colegios particulares pagados.

La Ley de Inclusión puede ser perfeccionada para encontrar un mejor equilibrio entre la no selección como regla general del sistema educativo y la selección por mérito o talento como algo excepcional para los liceos de excelencia, considerando criterios de equidad para asegurar un proceso justo.

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