Opinión La Tercera Viernes 3 de julio de 2020

“Es complejo entrar en una discusión sobre la nueva Constitución cuando hoy nadie la respeta”

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

La filósofa e investigadora del CEP aborda la discusión sucitada por los proyectos inadmisibles presentados en el último tiempo. Además, aborda qué tipo de régimen político se podría implementar en Chile.

Acostumbrada a investigar y debatir sobre educación, hoy la filósofa e investigadora del Centro de Estudios Públicos, Sylvia Eyzaguirre, ha dedicado parte de su tiempo a estudiar la actual Constitución.

De hecho, en Convergencia Liberal -el movimiento político del cual es parte y en el cual participa también el exministro Sebastián Sichel- están realizando seminarios semanales para conversar sobre distintos capítulos de la Carta Magna que luego servirán para un debate interno y fijar posturas en la discusión constitucional.

En esta entrevista, la doctora en Filosofía aborda un tema que le preocupa: la presentación de proyectos inconstitucionales por parte de parlamentarios y que en el útimo tiempo ha generado una dura pugna entre los poderes del Estado. “¿Por qué alguien no puede ocupar la violencia como gesto político? ¿Por qué un juez no puede fallar sin atender a la ley por un gesto político? O sea, cuando el fin justifica los medios, entonces no tenemos Constitución”, señala.

En tu última columna en La Tercera señalaste que los proyectos como el postnatal de emergencia y la idea de Mario Desbordes de retirar el 10% de los fondos de pensiones, son regresivas. Sin embargo también hiciste ver que hay un “afán de los parlamentarios por hacerse de más poder, usurpando atribuciones del Poder Ejecutivo, sin respetar los límites que la Constitución les impone en protección de la democracia”. ¿Qué discusión crees que abre todo este tema?

Lo que observo es que hay una falta de respeto a la forma en que se distribuye el poder. Y lo veo no solo en el Congreso, donde es muy patente con la presentación de proyectos que son inadmisibles, sino también en el Poder Judicial con los fallos que no se apegan a la legislación y lo que están haciendo es legislando más que fallando. Todo esto abre una tremenda discusión respecto de cuál queremos que sea el rol del Congreso y si queremos cambiar de régimen político.

¿Se debe revisar nuestro presidencialismo?

Claro, cuando vas a redactar una Constitución desde una página en blanco, entre comillas, uno de los temas claves es el régimen político. Pero me parece complejo entrar en una discusión sobre la nueva Constitución cuando hoy nadie respeta la Constitución o hay muy poco respeto por ella, en especial por quienes cuyo poder lo tienen gracias a la Constitución. Me parece muy complejo, pareciera que al final están diciendo que da lo mismo la Constitución. Y no da lo mismo. El régimen político es una discusión que vamos a tener. Me parece muy relevante ya que significa quién gobierna: ¿El Congreso? Pero es relevante en la medida que cuidemos las formas, porque si vamos a construir una nueva Constitución para no respetarla nuevamente, no sé si sirve de mucho el ejercicio.

Uno de los argumentos de algunos parlamentarios que han presentado proyectos inadmisibles o inconstitucionales es que esta acción sirve para demostrar un punto político: que la Constitución no está dando el ancho en ciertas materias. ¿Cómo ves ese razonamiento?

Me parece que el populismo que cunde en el Congreso no tiene domicilio político. Es de derecha y de izquierda y es complejo ese argumento porque uno podría decir también: ¿por qué alguien no puede ocupar la violencia como gesto político? ¿Por qué un juez no puede fallar sin atender a la ley por un gesto político? O sea, cuando el fin justifica los medios, entonces no tenemos Constitución. El problema es que cuando lo dice un miembro del Parlamento, que tiene representación pública, le dice a la ciudadanía que no va a respetar la Constitución porque hay fines que son más importantes. Entonces, ¿por qué no un joven puede incendiar si hay cosas más importantes que las formas? Es muy complejo eso, abre la llave para cualquier forma. Aprobar proyectos inadmisibles es, al final, mostrar un desprecio por las formas que regulan el poder en Chile y hace caer todo en lo que está fundado la democracia.

El exministro Mario Fernández, en una entrevista la semana pasada, señalaba que este es un típico debate de un país en el cual el ordenamiento constitucional está bajo discusión. Y que todo esto no solo demuestra la necesidad de una nueva Constitución, sino también de un nuevo pacto social y entre los propios poderes ¿estás de acuerdo?

No estoy segura. Lo que sí evidencia todo esto es un deterioro muy importante de nuestra política. Y que repercute, nuevamente, en la baja confianza que tiene hoy la ciudadanía en la política, precisamente por actos como estos. Se argumenta que esto evidencia que nuestra Constitución no da el ancho o que es ilegítima porque viene del periodo de Pinochet, pero no vemos la inadmisibilidad de proyectos que implican gasto fiscal como moción parlamentaria, es algo que está en la Constitución mucho antes de Pinochet. No le podemos echar la culpa de esto a Pinochet. Si te vas a la legislación comparada, vas a encontrar que existen restricciones a los proyectos de ley que son mociones parlamentarias con gasto fiscal.

En algunos países incluso se tiene que acreditar el financiamiento de ese proyecto para poder presentarlo...

Claro. En la mayoría de los países existen estos controles y por lo tanto decir que acá hay una crítica a nuestra Constitución y que por eso se está haciendo esto, me parece que no es tan evidente. Lo que sí es evidente es la decadencia de la discusión política en Chile. Y estamos enfrentando una tremenda crisis política y no se da cuenta por la inadmisibilidad de estos proyectos, sino que también por la calidad de los proyectos. Si se presentara un proyecto extraordinario, que uno dijera “qué ganas de que tuviera apoyo del gobierno porque vale la pena”, sería bueno para el país. Pero si uno mira estos proyectos que están presentando los parlamentarios, son regresivos. O sea, estamos infringiendo la Constitución, diciendo que los fines justifican los medios, y resulta que esos fines son regresivos.

El gobierno convocó a un comité de expertos y expresidentes del Congreso para abordar este tema y plantear modificaciones al reglamento del Legislativo, y las críticas le llovieron por parte de la oposición. ¿Es la solución?

Me pareció acertado lo que hizo el gobierno porque me preocupa mucho lo que está pasando. Es una excelente idea convocar a estos expertos. Por supuesto que como gesto político se puede ver como una especie de provocación para el Congreso, pero los distintos presidentes han armado grupos de expertos para estudiar distintos aspectos de la Constitución y han presentado ideas de reformas para que se puedan materializar en algo que debata el Congreso. Es curioso que el Presidente pueda hacer una comisión para ver cómo mejoramos, por dar un ejemplo, el tema de la propiedad privada o el derecho al agua, pero cuando se trata de cómo mejoramos el respeto a la Constitución, se sientan agredidos.

¿Y aquella reacción de la oposición, más allá de si es correcta o no, no es una clara muestra de lo duro que está nuestro clima político?

Sí, en ese contexto pudo haber sido un desacierto porque estamos en medio de una pandemia. El Presidente requiere sacar adelante su agenda de emergencia y por lo tanto necesita al Congreso como aliado al no tener mayoría, y en ese sentido es una provocación que más bien entorpece a la gestión de su gobierno. Por ese lado, entonces, políticamente hablando, puede ser poco acertada esa decisión. Más allá de eso, me parece necesaria esa comisión.

¿Qué tipo de régimen político te gusta y cuál crees que se puede aplicar en Chile?

Me gustan los regímenes parlamentarios porque dan, por construcción, mayor gobernabilidad. Porque permiten dos cosas: una representación en el Congreso más proporcional y esa proporcionalidad no te juega en contra para gobernar. Te permite gobernabilidad porque el gobierno se construye con alianzas al interior del Congreso que son mayoría. Entonces hay un Ejecutivo que tiene mayoría parlamentaria y un Congreso proporcional con alta representatividad y esa combinación me gusta porque hay representación y gobernabilidad. Y también me parece que es una buena opción en casos de crisis políticas donde se desarma el Ejecutivo, porque no tienes que romper con los gobiernos, no tiene que haber una crisis donde se cae el gobierno, sino que lo que haces es llamar a elecciones anticipadas: renuevas el Congreso y vuelves a construir alianzas y mayorías. No hay quiebres de régimen, no tienes que botar a un Presidente. Ese régimen enfrenta de mejor manera las crisis políticas.

Como España. Pero ahí estuvieron mucho tiempo sin formar gobierno...

Sí, pero España justamente es la excepción de que a veces el sistema no funciona tan bien. En Bélgica estuvieron cerca de dos años sin gobierno, no se ponían de acuerdo. Igual, dentro de todo el país funciona.

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