Opinión La Tercera Domingo 28 de abril de 2019

Falso amigo

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: Internet

Es cierto que los alumnos de los dos quintiles más pobre están subrepresentados y el de los dos quintiles más ricos sobrerrepresentados, pero esto no es un argumento para acabar con ellos...

“No le temo al enemigo que me ataca, sino al falso amigo que me abraza” canta Tupac Shakur. Sabias palabras a propósito de la próxima votación del proyecto de ley sobre Liceos de Excelencia. ¿A quién está abrazando la Oposición cuando declara que rechazará la idea de legislar sobre los Liceos de Excelencia? ¿A todos los jóvenes de Chile que asisten a la educación financiada por el Estado con excepción de los Liceos de Excelencia? No, no existe evidencia de que la eliminación de estos liceos conlleve un beneficio para el resto de los estudiantes. ¿A todos los potenciales jóvenes que podrían estudiar en estos liceos? Difícilmente eliminar los conservatorios de arte, de música y de danza favorecerá a jóvenes talentosos y sin recursos. Tampoco beneficiará a los miles de jóvenes de clase media y baja que tienen talento y mérito académico, y que ven en estos liceos una oportunidad de movilidad social, pero más importante aún, de realización personal. ¿Será posible que esta medida termine beneficiando a los jóvenes más ricos de Chile? Es posible. Sin Liceos de Excelencia los jóvenes de colegios particulares pagados tendrán menos competencia para entrar a las carreras y universidades más selectivas del país. ¿Es en esta dirección hacia donde queremos avanzar? Dada la desigualdad de nuestro país, resulta bastante evidente que no.

Hay tres argumentos en contra de los Liceos de Excelencia. El primero afirma que estos liceos no agregan valor, que su buen desempeño sólo se debe al talento de los estudiantes. Estos mismos estudiantes en otros liceos rendirían igual de bien. La evidencia disponible nos muestra que estos liceos sí agregan valor, cumpliendo una función de movilidad social. El segundo argumento señala que los buenos resultados de estos liceos se deben únicamente al nivel socioeconómico de los estudiantes. Esto también es falso. Si controlamos por nivel socioeconómico de las familias, observamos que 17 de los 19 Liceos Emblemáticos obtiene un puntaje muy por sobre su SIMCE o PSU predicho. Según Fontaine y Urzúa (2014), 70% de la matrícula de los Liceos de Excelencia proviene de una familia con un ingreso familiar menor a $576.000 mensuales. Si analizamos la composición socioeconómica de estos establecimientos, advertimos que estos son lo únicos colegios en Chile que reúnen alumnos del quintil más pobre con alumnos del quintil más rico.

Es cierto que los alumnos de los dos quintiles más pobre están subrepresentados y el de los dos quintiles más ricos sobrerrepresentados, pero esto no es un argumento para acabar con ellos, sino para mejorar su composición. La eliminación de estos liceos, como en la práctica lo estipula la Ley de Inclusión, ¿no arriesga disminuir el número de jóvenes de escasos recursos que ingresan a las carreras más selectivas y con ello penetrar a la élite de este país? Probablemente. En el año 2017 sólo 18% de los estudiantes que ingresó a la Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica de Chile estudió en un liceo público, de estos 75% estudió en un Liceo de Excelencia.

El tercer argumento es ideológico: la educación escolar tiene por objeto formar ciudadanos y esta se vería potenciada en un ambiente de integración, tanto académica como socioeconómica. Es un argumento válido, pero tiene que asumir las posibles externalidades negativas, a saber, dificultar aún más el cultivo de talentos artísticos, especialmente de jóvenes de bajos recursos, y eventualmente reducir la movilidad social. Pero también es válido preguntarse si no es importante inculcar el mérito y desarrollar los talentos de forma temprana. No por nada en la gran mayoría de los países desarrollados del mundo existen tanto conservatorios como Liceos de Excelencia Académica.

Tal vez el rechazo al proyecto es una forma de propinarle un golpe al Gobierno. Lamentablemente, le están pegando al proyecto equivocado y los golpes dirigidos al Gobierno los recibe en realidad la clase media y baja. En falso amigo de estos grupos se está convirtiendo la Oposición.

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