Opinión La Tercera, 2 de septiembre de 2016

Filosofía versus formación ciudadana

Sylvia Eyzaguirre T. |

Una de las asignaturas que contribuye especialmente a la formación de ciudadanos, aun cuando ese no sea su propósito, es la filosofía.

El Ministerio de Educación ha estado trabajando en una propuesta que implica eliminar filosofía como asignatura obligatoria para dejarla como electivo y reemplazarla por la nueva asignatura de formación ciudadana.

Uno de los propósitos de la educación escolar es precisamente formar ciudadanos, es decir, formar personas para que puedan, entre otras cosas, participar en la polis. Si la escuela, con sus 13 años de educación obligatoria y jornada escolar completa, no logra hoy formar a los jóvenes en esta dimensión tan importante, difícilmente lo vamos a lograr con una asignatura de dos horas a la semana en tercero y cuarto medio.

Una de las asignaturas que contribuye especialmente a la formación de ciudadanos, aun cuando ese no sea su propósito, es la filosofía.

La formación ciudadana no es tarea de una sola asignatura, sino del currículum en su conjunto. Las distintas asignaturas contribuyen a este proceso, no sólo a través del contenido que entregan o de las capacidades cognitivas, artísticas o físicas que desarrollan, sino que también la forma en que son enseñadas desarrolla en los estudiantes habilidades socioecomocionales fundamentales para la vida en comunidad: respeto, trabajo en equipo, responsabilidad, compañerismo, resolución de problemas, liderazgo, entre otros.

Una de las asignaturas que contribuye especialmente a la formación de ciudadanos, aun cuando ese no sea su propósito, es la filosofía. Esta disciplina es muy diferente del resto de las ciencias, pues su objeto de estudio es de una naturaleza muy distinta. Mientras las ciencias se abocan al estudio de los entes, es decir, de las cosas que se dan en el mundo, por extrañas que estas parezcan, por ejemplo: minerales, animales, seres humanos, sociedades, fuerza de gravedad, hoyos negros, números, dios, mitología, lenguaje, fenómenos sobre naturales, arte, etc.; la filosofía no tiene ningún "ente" por objeto de estudio. Como dice su nombre, la filosofía no es otra cosa que el amor por la sabiduría. Ello no se debe confundir con el amor a coleccionar datos, propios de los enciclopedistas, que por lo general catalogamos de gente culta. La filosofía nada tiene que ver con eso.

El principal enemigo de la filosofía son los prejuicios, es decir, todos los conocimientos que creemos verdaderos, pero de los cuales no tenemos certeza. Ella busca llegar a la verdad y en ese camino resulta necesario cuestionarlo todo hasta sus más altas consecuencias, botar la estantería completa de todo lo que hemos aprendido para ver qué de ello realmente es verdadero. Ello no significa que en nuestro diario vivir debemos despreciar el conocimiento que nos entregan las otras ciencias o la misma experiencia, pero no debemos olvidar sus limitaciones. Según Aristóteles, la filosofía busca el conocimiento de las primeras causas y principios, ello la ha llevado a través de sus múltiples búsquedas a lo largo de la historia a adentrarse en qué es el conocimiento, la verdad, el bien, la belleza, nosotros mismos, la felicidad, el ser.

Por cierto, el currículum actual de la asignatura de filosofía nada tiene que ver con lo antes descrito y ello debería ser materia de preocupación. El currículum no contempla el estudio de la lógica, que es fundamental para desarrollar no sólo pensamiento crítico, sino también habilidad de comprensión lectora. El currículum se centra en los conocimientos que debería adquirir el alumno, en vez de poner énfasis en la forma de proceder de la filosofía, forma que es independientemente del contenido. Además, la filosofía queda relegada únicamente a cuarto medio, pues en tercero medio se enseña algunos conocimientos básicos de la psicología, que más que psicología parece un programa pensado para la autoayuda.

Si queremos profundizar la formación de ciudadana de nuestros alumnos, sería bueno reforzar el currículum en su conjunto en esa dirección, concentrar los esfuerzos del Estado para que se cumplan los estándares de aprendizajes, con especial foco en los alumnos que tienen un nivel insuficiente, incorporar en el currículum de primero y segundo medio la asignatura obligatoria de filosofía y en tercero y cuarto medio ampliar los cursos de libre elección, como ocurre en la mayoría de los países de la OCDE.

Una mayor libertad para la elección de cursos en los últimos dos años no tiene sólo por objeto reconocer la capacidad de los jóvenes de poder elegir y darles la oportunidad de especializarse más en las áreas de su interés, sino sobre todo desarrollar en ellos habilidades analíticas y exegéticas más complejas, necesarias para una inserción efectiva en la polis.

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