Opinión El Mercurio, 10 de junio de 2015

Fortaleciendo la profesión docente

Sylvia Eyzaguirre T. |

Los profesores de la educación municipal están en paro. El próximo año, cuando una vez más caigan las matrículas, el Colegio de Profesores intentará explicar este fenómeno acudiendo a argumentos sofisticados. Sin embargo, las familias son muy sensibles a la continua interrupción de las clases y también al clima escolar que observan en estos planteles.

Este último se configura a partir de muchos factores, pero las paralizaciones ciertamente no ayudan. Por supuesto, podría tolerarse este costo si los profesores tuviesen razón en sus exigencias y la materialización de ellas contribuyese a mejorar el proyecto de carrera docente y, finalmente, los aprendizajes de nuestros estudiantes. Lamentablemente ello no es así.

El proyecto de carrera docente busca restituir la valoración social de la profesión docente y así atraer a jóvenes talentosos y retener a los profesores de alto desempeño en el aula. Para ello mejora sustancialmente las condiciones laborales de los docentes, contemplando una inversión de US$ 2.400 millones.

La propuesta del Gobierno aumenta la remuneración de los profesores considerablemente. El salario de los recién egresados de pedagogía aumenta en cerca de $180.000 mensuales, eliminándose la diferencia que hoy existe con la remuneración promedio de los profesionales universitarios. Además, crea seis niveles de desarrollo profesional, cada uno con un perfil salarial distinto. Para progresar en la carrera los profesores deberán ser evaluados tanto en sus conocimientos disciplinarios como en sus competencias pedagógicas. El número de evaluaciones obligatorias que exige esta carrera son dos: el examen para pasar del nivel principiante al nivel inicial, y luego el que lleva al nivel avanzado. Por cierto, los docentes que no logren superarlos deberán volver a rendir los exámenes hasta mostrar que tienen las competencias y conocimientos necesarios.

Ahora, si desean continuar progresando en su carrera profesional, deberán rendir los exámenes correspondientes para acceder a los tramos superiores de la carrera docente, pero ellos son voluntarios. Los docentes que no accedan al nivel inicial después de cuatro años deberán ser despedidos, pero pueden volver a ser contratados por otro sostenedor. Lo mismo sucede con quienes no avancen más allá del nivel inicial después de nueve años.

Estos dos exámenes obligatorios se suman a la evaluación de desempeño actual, a la cual deben someterse los docentes cada cuatro años. Ahora bien, dado que el portafolio se utilizará tanto para la evaluación de desempeño como para la acreditación de competencias pedagógicas, solo se agregan a la evaluación actual de profesores dos pruebas de conocimientos disciplinarios.

Resulta, entonces, incomprensible el alegato del magisterio por el exceso de evaluaciones en la carrera, cuando solo contempla dos evaluaciones obligatorias y los docentes de bajo desempeño podrán permanecer en el sistema eternamente cambiándose de sostenedor. Más impresentable resulta el reclamo de este grupo de interés cuando se considera que la evaluación de desempeño es solo cada cuatro años, en comparación con la mayoría de los profesionales que son evaluados anualmente, y las exigencias de la nueva carrera son muy bajas, pues un docente que no obtiene ninguna pregunta correcta en la prueba de conocimientos disciplinarios puede alcanzar el nivel óptimo (avanzado), así como también quien obtiene el segundo peor resultado en el portafolio.

Por el contrario, una de las principales falencias de este proyecto son las bajas exigencias. Para elevar el estatus de la profesión docente no basta con aumentar las remuneraciones, debemos también asegurarnos de que todos los docentes que se encuentren en el aula tengan las competencias y conocimientos necesarios. Ello exige estándares altos y desvinculación temprana de docentes incompetentes.

Un aspecto a revisar de la propuesta del Gobierno es su excesiva centralización y la falta de incentivos para trabajar en escuelas vulnerables. En los exámenes para avanzar en la carrera docente no se consideran los aspectos del contexto local ni el desempeño del docente al interior de la comunidad educativa, propios de la evaluación del equipo directivo del colegio. Por su parte, los montos de la asignación para los docentes que trabajan en escuelas vulnerables son demasiado bajos para atraer a maestros jóvenes y talentosos a estos establecimientos.

No cabe duda de que estos y otros aspectos de la carrera docente pueden ser perfeccionados durante su tramitación, pero en ningún caso ameritan el paro de profesores que perjudica a millones de niños, en particular a los más vulnerables.

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