Opinión La Tercera Domingo 10 de abril de 2022

¡Gravísimo!

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

Más allá de la mezquindad y las reiteradas metidas de pata, lo gravísimo es lo que delata el actuar de la ministra: no entender qué significa ser ministro de Estado.

¡Gravísimo, gravísimo!” fueron las palabras de la ministra del Interior, Izkia Siches, en el Congreso a la hora de calificar la actuación del gobierno de Piñera respecto de un acontecimiento puntual que nunca tuvo lugar. Igualmente grave resultan las declaraciones de la ministra sobre el diario La Segunda y los medios de comunicación en general, cuestionando sin evidencia el compromiso de estos con la verdad. Pero más grave que la chambonada de la ministra es la pequeñez a la hora de asumir sus responsabilidades. Delegar la responsabilidad de su actuación en Carmen Gloria Daneri, una funcionaria de carrera del Servicio Nacional de Migraciones, con una trayectoria impecable y desempeño notable, reconocido por todas las autoridades, independiente del signo político, es sencillamente miserable.

Más allá de la mezquindad y las reiteradas metidas de pata, lo gravísimo es lo que delata el actuar de la ministra: no entender qué significa ser ministro de Estado. Su fallida visita a La Araucanía, su polémica referencia al Wallmapu, su ofensa al Poder Judicial al suponer discriminación de los jueces en función del color de la piel de las personas, sus declaraciones falsas sobre el gobierno anterior, no son simplemente una seguidilla de errores no forzados, sino que delatan absoluta improvisación, falta de preparación y conocimiento. Más importante aún, ausencia de rigor y prudencia, que son clave para ejercer el cargo que ostenta.

El origen de estos “errores” no es la falta de experiencia de la ministra -de ser así, podría enmendarse-, sino su frivolidad, que consiste en creer que basta el encanto natural o las cualidades innatas de líder para ejercer el cargo más complejo del gabinete. En pocas palabras, el problema es la ministra y no su edad, ni profesión ni inexperiencia.

En un escenario económico y político complejo, como el que está enfrentando el país, no hay mucho espacio para resistir tantos errores. Un cambio de gabinete más temprano que tarde es inevitable, pero también deseable. Si bien un cambio a tan pronto andar puede conllevar un costo político, el costo de mantener al gabinete intacto está siendo aún mayor. Además, un cambio de gabinete le ofrece al Presidente Boric la oportunidad de hacer ajustes necesarios y oportunos, que permitan ordenar su gobierno y fortalecer la seguridad pública y la relación con el Congreso.

El quinto retiro se avizora como la primera prueba de fuego que deberá enfrentar el gobierno. De ser aprobado, la situación económica del país empeorará aún más y el liderazgo del Presidente se verá muy debilitado. Ello deja al gobierno en una situación muy desmejorada para enfrentar la campaña del Apruebo a la nueva Constitución y el plebiscito de septiembre, que injusto o no será un referéndum para el propio gobierno. En este escenario, resulta indispensable repensar quién debería llevar la relación con el Congreso, dado que el actual ministro Giorgio Jackson no es muy querido por los parlamentarios, especialmente por los de su propia coalición.

Las dificultades ofrecen oportunidades. La agilidad en la toma de decisiones depende en gran parte de si prima el pragmatismo o el sentimentalismo. Pronto lo sabremos.

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