Opinión La Tercera Domingo 30 de junio de 2019

Infarto al miocardio

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: Sebastián Cisternas / Aton Chile

Esta semana se cumplió un mes de paro de los profesores, perjudicando a más de un millón de niños y jóvenes, y proporcionando un duro golpe a nuestra alicaída educación pública

Los docentes son el corazón del sistema escolar, sin ellos no hay educación. De ahí que el paro de los docentes sea una medida extrema, de última instancia, en un conflicto político grave, pues significa un infarto cardiovascular agudo para el sistema escolar, donde los perjudicados son los niños, especialmente los más pobres.

Esta semana se cumplió un mes de paro de los profesores, perjudicando a más de un millón de niños y jóvenes, y proporcionando un duro golpe a nuestra alicaída educación pública. Dadas las graves consecuencias que conlleva el paro, llama profundamente la atención que el Colegio de Profesores haya optado por irse a paro sin antes haber intentado un diálogo con las autoridades de gobierno. De hecho, el Ministerio de Educación se ha mostrado desde un principio receptivo a las demandas de los profesores, estableciendo una mesa para analizar en conjunto las peticiones del gremio. ¿No debiera el Colegio de Profesores haber partido por una mesa de diálogo, dejando el paro como último recurso de negociación política? ¿Qué ejemplo están entregando a los propios estudiantes que educan? ¿Cómo promover una cultura de diálogo y respeto entre los estudiantes, si ante los conflictos sus profesores parten por la medida más extrema? ¿Qué es más importante: resguardar el derecho a la educación de los niños o los intereses gremiales?

Nos quejamos del camino violento que toman algunos estudiantes como vía política para alcanzar sus fines, ¿pero qué ejemplo estamos entregando los adultos? Los insultos de una profesora a la ministra en el cementerio, que fueron vanagloriados por algunos docentes, ¿están acaso a la altura de las circunstancias?

Pasando al contenido del petitorio, resulta preocupante la pobreza de este. Más allá de la emblemática demanda por el pago de la deuda histórica, que todos sabemos (también el Colegio) es imposible de satisfacer, no hay demandas que apunten a mejorar la calidad de la docencia y, por ende, del sistema educativo. Aún más, resultan insólitas algunas demandas que atentan directamente contra la calidad del sistema, como por ejemplo la solicitud de no hacer exigible la planificación clase a clase, demanda que fue aceptada por el Ministerio de Educación. Cualquier persona que sabe de pedagogía entiende que toda interacción entre un niño y un docente debe estar intencionada, es decir, tener un sentido. La planificación, que se opone a la improvisación, permite tener claridad sobre el qué y el cómo de la lección, así como también sobre el logro de los objetivos a través de diferentes mecanismos de evaluación. Junto con ello, la planificación es condición de posibilidad para la reflexión crítica sobre la práctica pedagógica, que todo buen profesor realiza para su mejoramiento continuo. Existe amplio consenso sobre la importancia de la planificación de las clases y, a saber, clase a clase. Ella es la piedra angular del proceso de aprendizaje y así se observa en las experiencias exitosas.

Por cierto, el diseño de la planificación no tiene por qué ser para todos iguales y tampoco impide que el docente pueda salirse de ella, si detecta vacíos que debe suplir o advierte que el ejercicio diseñado no está dando resultado. Pero precisamente por eso es tan valiosa la planificación. Porque permite visualizar las fortalezas y debilidades del proceso de aprendizaje de cada clase y trabajar sobre ellos. La diferencia entre la planificación mensual o quincenal de la planificación clase a clase es inconmensurable, pues son ejercicios radicalmente distintos, con propósitos diferentes. El primero organiza el tiempo en función de los objetivos a lograr, mientras que el segundo es el instrumento pedagógico para el proceso de aprendizaje.

La paradoja de este paro docente es que para terminar con él se debe terminar con la pedagogía. Difícil avanzar en educación si el principal actor está empeñado en retroceder.

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