Opinión La Tercera Domingo 16 de enero de 2022

Inflación de notas de enseñanza media

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

Las diferencias dramáticas en las oportunidades de acceso a la universidad que tienen estudiantes de altos y bajos ingresos se deben, en parte, a los sesgos de los instrumentos que utilizamos.

El título universitario es el pasaporte para el mercado laboral. Pero no todos los pasaportes son iguales, hay carreras y universidades que el mercado laboral retribuye mejor. La escasez de cupos frente a la demanda obliga a las universidades a seleccionar a sus estudiantes. Las exigencias académicas diferenciadas de los programas, las distintas capacidades en el rendimiento académico de los estudiantes y los diferentes retornos privados que generan las distintas carreras obligan a que esta selección sea eficiente y justa. Existe relativo consenso en que el rendimiento académico del postulante sea, junto con sus preferencias, el principal criterio a considerar a la hora de asignar los cupos.

Para este propósito nuestro país cuenta principalmente con tres instrumentos: las pruebas estandarizadas (actualmente la Prueba de Transición para la Admisión Universitaria, PDT), las notas de enseñanza media (NEM) y el ranking, que no es sino una bonificación adicional a las notas de enseñanza media. A partir de 2012, se observa un aumento significativo de las notas de enseñanza media en los distintos tipos de establecimientos escolares como respuesta al aumento de su ponderación. Esta respuesta es un comportamiento estratégico de los establecimientos escolares por mejorar las oportunidades de sus estudiantes para ingresar a la educación superior. A pesar de que este aumento en las NEM se observa tanto en los colegios particulares pagados como en los liceos municipales, llama la atención que los estudiantes de los primeros tengan en promedio casi 5 décimas más en las NEM que los estudiantes de liceos municipales y colegios particulares subvencionados. Mientras el promedio de las NEM en colegios particulares pagados supera el 6,1, en los establecimientos municipales y particulares subvencionados bordea el 5,6. ¡Dentro del sector particular pagado se advierten no pocos colegios que tienen un promedio de notas superior a 6,5! El alza sostenida de notas no solo distorsiona el propósito original del instrumento, sino que también introduce injusticias en el sistema de admisión, beneficiando de forma desmedida a los estudiantes de colegios particulares pagados.

Podría pensarse que esta diferencia en las NEM por tipo de colegios se debe a que los estudiantes de colegios particulares pagados tienen más conocimientos y han logrado desarrollar mejor sus habilidades cognitivas que estudiantes de liceos públicos, dado que provienen de familias con mayor capital cultural y tienen acceso a una mejor educación. Sin embargo, controlando por los resultados en el Simce advertimos que las diferencias en las NEM no logran justificarse por diferencias en rendimiento académico objetivo.

¿Qué pasaría si reemplazáramos las NEM y el ranking por instrumentos que no tengan sesgo socioeconómico? Junto con Javiera Gazmuri y Giorgiogiuliu Parra hicimos algunas simulaciones. Los hallazgos encontrados fueron: i) 5% más de estudiantes de liceos y colegios particulares subvencionados hubieran quedado en su primera preferencia, ii) cerca del 10% de los estudiantes de colegios con financiamiento fiscal hubiera quedado asignado en una preferencia más alta y iii) en las carreras con puntaje de corte de 700 puntos o más el porcentaje de alumnos de liceos municipales y colegios particulares subvencionados hubiera aumentado en 17%. Finalmente, con la información disponible estimamos la capacidad predictiva del nuevo instrumento en comparación con los actuales y no encontramos diferencias.

Las diferencias dramáticas en las oportunidades de acceso a la universidad que tienen estudiantes de altos y bajos ingresos se deben, en parte, a los sesgos de los instrumentos que utilizamos. Este sesgo no solo perjudica la eficiencia del sistema, sino también su legitimidad. Tenemos la posibilidad de avanzar hacia un sistema más equitativo de acceso a la universidad, solo se requiere voluntad política.

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