Opinión La Tercera Domingo 26 de septiembre de 2021

Kinder obligatorio

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

La mala política se impone una vez más y los que pagan los costos son esos niños que hoy no van al kínder.

“La educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”, decía Nelson Mandela. La evidencia científica nos muestra que esta arma es mucho más poderosa aún, si se usa desde la primera infancia, a partir de los dos o tres años de edad. Existe evidencia científica sobre los beneficios que reporta a cualquier niño asistir a la educación parvularia y estos beneficios son mayores en niños de familias de bajo capital cultural. Así, la educación parvularia constituye un instrumento clave para avanzar en mayor justicia social.

Teniendo en cuenta nuestra realidad nacional, a saber, la desigualdad de oportunidades en función del ingreso de las familias y la baja cobertura de la educación parvularia en comparación con los países desarrollados, resulta francamente incomprensible el rechazo del Kínder obligatorio.

Los argumentos esgrimidos para rechazar esta política eran pobres y tramposos. Por una parte, se argumentó que este proyecto no era necesario dado que la Constitución ya establece la obligatoriedad del kínder y este nivel goza de alta cobertura, que bordearía el 96%. Un pobre argumento que no se hace cargo de la señal política a las familias sobre la importancia de la educación parvularia en su conjunto y no protege el interés superior del niño al dejar al arbitrio de los padres la asistencia a kínder, toda vez que el mandato constitucional sin una ley que lo materialice es letra muerta. Si la alta cobertura del kínder fuera un buen argumento para no avanzar en su obligatoriedad, entonces podríamos discutir dejar de hacer obligatoria la enseñanza básica, dado que ella goza de cobertura universal. Por otra parte, se argumentó que la obligatoriedad del kínder podría llevarnos a una escolarización temprana, afectaría negativamente las oportunidades educativas de los niños sin acceso a kínder por falta de oferta y beneficiaría a los establecimientos escolares con lucro. Tres argumentos tramposos por no decir, de frentón, mentirosos. ¿Cómo puede la obligatoriedad del kínder escolarizar la educación temprana, si ya el 96% de la matrícula asiste a kínder? Pareciera ser que nuestros parlamentarios ignoran además el Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación, que contempla instrumentos (Marco de la Buena Enseñanza y las Bases Curriculares de la Educación Parvularia) e instituciones, como la Subsecretaría de Educación Parvularia y la Agencia de la Calidad, que tienen por función velar para que ello no ocurra. Asimismo, es mentira que el proyecto de ley perjudicará el acceso de los niños a primero básico, toda vez que el proyecto establece de forma explícita que ningún niño será impedido de ingresar a primero básico por no haber cursado kínder. Por el contrario, el proyecto se preocupa de la trayectoria educativa de los niños obligando a realizar una evaluación diagnóstica a los niños que no hayan cursado kínder y su correspondiente nivelación de ser necesaria. Finalmente, es completamente falso que este proyecto beneficiará a los establecimientos con fines de lucro o que avanzará en privatizar la educación, dado que se eliminó el lucro en el sector financiado por el Estado y porque el 4% de los niños que todavía no asiste a kínder será probablemente subsumido por la capacidad ociosa del sector municipal o estatal.

Por el contrario, este proyecto de ley contemplaba 4 mil millones de pesos para invertir en infraestructura, con especial foco en la educación estatal y así cumplir la meta del 100% de cobertura en este nivel educativo. Junto con ello, daba una señal clara a las familias de la importancia de la educación temprana con probable efecto en el aumento de cobertura en pre-kínder y en los niveles medios; además de preocuparse por la nivelación de los niños que no asistieron al kínder y con ello de sus trayectorias educativas. La mala política se impone una vez más y los que pagan los costos son esos niños que hoy no van al kínder.

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