Opinión La Tercera Domingo 8 de mayo de 2022

La mayor crisis educativa del siglo

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

Hoy, a más de dos años del comienzo de la pandemia, necesitamos con urgencia saber cómo esta afectó el desarrollo de nuestros niños.

Existe consenso internacional en que enfrentamos la mayor crisis educativa del siglo producto de las medidas de mitigación y contención de la pandemia. A diferencia de otros países, la crisis en Chile debería ser mayor debido a que gran parte de las escuelas estuvo completamente cerrada por más de dos años. Recordemos que en 2019 tuvimos un paro de profesores que impidió a miles de niños ir a sus escuelas; acto seguido, en octubre de ese año tuvimos el estallido social que obligó a cientos de establecimientos escolares a cerrar sus puertas hasta el término del año escolar y, luego, el 15 de marzo de 2020, el Ministerio de Educación anuncia el cierre obligatorio de todos los establecimientos escolares en Chile hasta octubre de ese año. A diferencia de los países de la Ocde, que hicieron un esfuerzo por abrir los establecimientos escolares cuanto antes, en Chile la gran mayoría de los establecimientos municipales se mantuvo cerrado hasta diciembre de 2021 en contra de toda la evidencia disponible.

En 2020, la Organización Mundial de la Salud advirtió que la población más afectada por las medidas de mitigación de la pandemia serían los niños. Estudios en diferentes puntos del planeta muestran un preocupante aumento del consumo de alcohol y drogas, ello combinado con el deterioro de las condiciones económicas de las familias y el aislamiento social son una combinación mortal para la violencia intrafamiliar. La encuesta “Salvemos a los niños”, aplicada en 37 países, muestra un aumento importante de la violencia entre compañeros durante las clases a distancia y uno de cada cinco cuidadores principales declara haber utilizado más frecuentemente métodos parentales negativos o violentos. La exposición a mayor violencia, el estrés generado por la incertidumbre, las peores condiciones económicas y el miedo a la pandemia, la ausencia de contención socioemocional producto del aislamiento y la falta de movilidad física han producido un preocupante deterioro de la salud física y mental de nuestros niños y jóvenes, donde predomina la sensación de soledad y rabia, y muestran mayores grados de ansiedad y depresión.

El cierre de las escuelas afectó, además, el desarrollo de habilidades socioemocionales y cognitivas, así como los hábitos de estudio de nuestros niños y jóvenes. A nivel internacional, la principal preocupación se concentra en los jóvenes que abandonaron el sistema educativo y el aumento de las brechas de aprendizaje. La educación a distancia implicó un tremendo desafío para la comunidad educativa en su conjunto; como nunca antes y en tiempo récord los docentes debieron cambiar completamente sus métodos de enseñanza y acostumbrarse al uso de nuevas tecnologías. Cada comunidad educativa debió encontrar a través del ensayo y error nuevas formas de enseñanza que potenciaran las habilidades de nuestros niños.

Hoy, a más de dos años del comienzo de la pandemia, necesitamos con urgencia saber cómo esta afectó el desarrollo de nuestros niños. Necesitamos informar a los padres, a las comunidades educativas, a la ciudadanía y al Estado los efectos que tuvo la pandemia en el desarrollo integral de nuestros niños. Para ello necesitamos evaluar no solo los conocimientos y habilidades en lenguaje, matemática y otras asignaturas, sino especialmente dimensiones como la socioemocional, el clima de convivencia escolar, la autopercepción, que son claves para atender a las necesidades de nuestros niños. Esta información es indispensable para el mejoramiento continuo de las comunidades educativas y para el Estado en el diseño y focalización de la ayuda que debe prestar a los estudiantes y sus establecimientos escolares. Dado que la pandemia afectó de forma distinta el territorio nacional y cada escuela enfrentó desafíos particulares e implementó estrategias innovadoras propias, la única forma de capturar esa información con toda su rica diversidad es a través de instrumentos de aplicación censal. No aplicar estos instrumentos solo invisibilizará más la precaria condición en que se encuentran nuestros niños y jóvenes.

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