Opinión La Tercera, 24 de junio de 2018

La tómbola de la ignorancia

Sylvia Eyzaguirre T. |

Es importante que este debate se haga con altura de miras y no caigamos en caricaturas o ridiculizaciones que solo entorpecen la deliberación democrática.

Antonio Machado decía que todo lo que se ignora, se desprecia. Estas palabras vienen como anillo al dedo al proyecto de ley sobre la "tómbola" que presentaron algunos diputados de la UDI. Los autores afirman que "la existencia en los procesos de admisión de tómbolas auguran funestas consecuencias para el desarrollo educativo de los estudiantes y en donde la admisión de estos a los establecimientos educacionales se ha transformado en un bingo donde finalmente prevalece la suerte por sobre el mérito". ¿Qué evidencia tienen para augurar tan funestas consecuencias? La experiencia internacional los contradice. Países con mejores resultados educativos que el nuestro, como Holanda o los estados de Massachusetts y Nueva York, han optado por este sistema. ¿En qué minuto el algoritmo de aceptación diferida se convirtió en un burdo bingo? ¿Sabrán nuestros honorables que, en parte, por este algoritmo Alvin Roth y Lloyd Shapley recibieron el Premio Nobel de Economía? ¿Sabrán que este es el mejor mecanismo disponible para coordinar oferta y demanda optimizando la preferencia de las familias? Solo alguien que ignora su funcionamiento puede confundirlo con una tómbola.

El proyecto prohíbe que colegios con aportes regulares del Estado seleccionen a sus estudiantes con criterios arbitrarios o aleatorios y permite la selección desde prekínder por rendimiento escolar potencial. ¿Cómo eliminar la aleatoriedad y entregar el poder de selección a los colegios fortalece la libertad de elección de los padres? Por definición, cuando los colegios seleccionan, disminuye la libertad de elección de los padres.

¿Cómo se puede medir mérito a los tres años cuando los niños postulan a prekínder? Existe consenso entre los expertos respecto de la imposibilidad de medir mérito a temprana edad. Las evaluaciones de los niños pequeños miden principalmente el capital cultural de las familias, altamente correlacionado con sus ingresos económicos. Reemplazar aleatoriedad por un supuesto mérito significaría que los niños de familias con más dinero tendrían ventaja a la hora de elegir sus colegios por sobre los niños de familias más vulnerables.

En el actual sistema de admisión escolar los padres eligen el colegio de sus hijos y este está obligado a aceptar a todos los postulantes. El problema surge cuando, por ejemplo, 300 niños postulan a un colegio con 100 cupos. ¿Qué hacer?. En el actual sistema, todos los niños tienen la misma posibilidad de quedar en el colegio a través de una selección aleatoria y un algoritmo que busca la mejor combinación posible para que el mayor número de postulantes quede en un colegio de entre sus más altas preferencias. En el sistema propuesto por los diputados, los niños de familias con más dinero tendrán mayores oportunidades que los niños de familias más pobres. ¿Cuál de los dos sistemas protege mejor el derecho a elegir de los padres?

Por último, llama la atención el espíritu totalitario de la propuesta, lo mismo que tanto se criticó a las de la Nueva Mayoría, al pretender prohibir a todos los establecimientos que reciben recursos del Estado la selección aleatoria. El proyecto se vuelve inconstitucional, pues viola la libertad de enseñanza al obligar a los colegios a seleccionar a sus alumnos con criterios que pueden no querer usar y que van más allá de las preferencias de los padres.

Sin duda, el actual sistema de admisión es susceptible de mejoras. También es necesario volver a discutir la posibilidad de seleccionar por mérito en la enseñanza media. Pero es importante que este debate se haga con altura de miras y no caigamos en caricaturas o ridiculizaciones que solo entorpecen la deliberación democrática.

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