Opinión La Tercera, 29 de septiembre de 2014

Lucro versus calidad

Sylvia Eyzaguirre T. |

Si bien existe relativo consenso en los desafíos que tiene nuestro país en materia de educación, a saber, avanzar en calidad, equidad e inclusión social, hoy no contamos con un diagnóstico compartido respecto de los problemas que aquejan a nuestro sistema educacional. En el debate se ha instalado la idea que la mala calidad de nuestro sistema escolar se debe, en parte importante, a la existencia de colegios que, de acuerdo al marco legal vigente, pueden lucrar. De ahí la urgencia por su eliminación. Sin embargo, esta idea carece de sustento.

Quienes se oponen al lucro en educación argumentan que el lucro afecta la calidad, pues se maximizan las ganancias a costa de la calidad del servicio que se ofrece, y que el lucro afecta la integración social, porque motivados por abaratar costos seleccionan a los alumnos con mayor capital cultural, que son más fáciles de educar.

En primer lugar, es importante reconocer que estas afirmaciones no son juicios lógicos cuya validez pueda comprobarse a priori, independiente de la realidad, sino que son juicios empíricos y, por ende, su constatación debemos buscarla en la experiencia. A partir de la evidencia internacional disponible no se puede afirmar que el lucro afecte la calidad de la educación o la integración social. Más bien ella indica que el lucro no tendría efectos, ni positivos ni negativos, sobre la calidad de la educación ni sobre la integración social del sistema educativo.

Atendiendo la evidencia nacional, diferentes estudios (Chumacero y Paredes (2008), Elacqua (2009), Elacqua, Martínez y Santos (2011), etc.) muestran que los colegios con fines de lucro tienen marginalmente un desempeño mejor que los establecimientos municipales, corrigiendo por nivel socioeconómico. Ahora bien, este margen es tan pequeño que en la práctica no tiene incidencia. Más interesante es que los promedios que reportan esos estudios esconden una gran heterogeneidad de desempeño al interior de los diferentes tipos de establecimientos.

En los siguientes gráficos observamos cómo se distribuyen los establecimientos urbanos según su puntaje Simce y su índice de vulnerabilidad. Los puntos rojos representan a los colegios particulares subvencionados sin fines de lucro, los azules a los con fines de lucro y los verdes a los municipales.

 

 

Aquí se advierte, que los colegios sin fines de lucro están desplazados hacia la izquierda sugiriendo que, en promedio, educan a niños de menor vulnerabilidad que los colegios con fines de lucro y municipales. Las investigaciones de Elacqua (2009) y Elacqua y Santos (2014) encuentran que en promedio el sector particular subvencionado sin fines de lucro es considerablemente más segregado que el sector con fines de lucro y que la composición socioeconómica de los colegios con fines de lucro es más parecida a la composición social del barrio en que se encuentran que los colegios sin fines de lucro y los establecimientos municipales. En resumen, la evidencia nacional no permite establecer una relación causal entre lucro y segregación.

Por otra parte, estos gráficos tampoco nos muestran que un sector en particular tenga un rendimiento académico considerablemente peor que el de los otros. Más bien lo que se observa es que colegios de igual nivel socioeconómico obtienen rendimientos muy dispares, independientemente de la razón jurídica del sostenedor. Si superponemos en un mismo gráfico todos los colegios (urbanos y rurales con más de 8 alumnos), obtenemos una nube de puntos donde los diferentes tipos de sostenedores son prácticamente indistinguibles en su rendimiento.
 

Esto significa que el desafío de mejorar la calidad y la equidad no se limita a un determinado tipo de sostenedor, sino que debe ser abordado de forma sistémica, con especial foco en los niños más vulnerables y en los establecimientos que muestran peor rendimiento.

Algunos afirman que este leve mejor desempeño se debe a que los colegios con fines de lucro cuentan con más recursos, porque pueden cobrar financiamiento compartido. Es verdad que los colegios particulares subvencionados (incluidos los sin fines de lucro) tienen mayores facilidades para cobrar financiamiento compartido que los municipales, pero los establecimientos municipales cuentan en promedio con más recursos por alumno que los colegios particulares. Mientras un alumno de un colegio particular subvencionado recibió en el 2012, en promedio, cerca de $12.000 mensuales vía financiamiento compartido, un alumno de una escuela municipal recibió en promedio cerca de $23.000 mensuales adicionales a la subvención vía transferencias del Estado (sin contar los aportes extraordinarios que hacen los municipios). Otros afirman que el Simce no es un indicador válido para evaluar la calidad de la educación. No cabe duda que la calidad de un establecimiento educacional va más allá de sus resultados Simce en lenguaje y matemática (de hecho la Agencia de la Calidad de la Educación considera 15 indicadores para medir la calidad, de los cuales sólo dos tienen relación con desempeño académico), pero si atendemos a la información hasta ahora disponible, no encontramos evidencia alguna que permita aseverar que el lucro perjudica la calidad de la educación. (Si observamos algunos indicadores como retención o reprobación de alumnos, controlando por nivel socioeconómico, advertimos que los colegios con fines de lucro tienen en promedio mejores índices que los establecimientos municipales.) En resumen, no hay hasta ahora evidencia disponible que permita afirmar que el lucro afecta la calidad y la integración social del sistema educativo. La honestidad intelectual exige que los juicios que se refieren a la realidad empírica se hagan de cara a ella y no ignorándola. Ahora bien, también existen otras razones, por ejemplo de índole ideológicas, para oponerse al lucro, pero es fundamental para el debate sincerar los argumentos, de lo contrario corremos el riesgo de prohibir algo por las razones equivocadas.

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