Opinión La Segunda, 27 de junio de 2017

Mejorar la puntería

Sylvia Eyzaguirre T. |

Es más fácil y rentable políticamente satisfacer a los grupos de poder, que a quienes por su precariedad carecen de voz.

Uno de los problemas de nuestras políticas públicas es la focalización de los recursos. Muchas veces implementamos políticas para atacar determinados problemas, pero perdemos de vista si estos son en verdad prioritarios. Un buen ejemplo es la política de gratuidad universal en educación superior. En vez de preocuparnos primero por la educación parvularia; por los jóvenes que no están terminando el colegio, que son cerca de 30 mil al año y representan un grupo de alto riesgo social; por los 580 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis) o por el casi millón y medio de jóvenes que no ingresa a la educación superior, que en su mayoría pertenecen a las familias con menores recursos del país, el Gobierno ha decidido poner el foco en los estudiantes que hoy entran a la educación superior, asegurando una inversión futura de aproximadamente cuatro mil millones de dólares anuales para ellos. Dadas las desigualdades de nuestro país, ¿no es esto inaceptable?

Otro ejemplo es la política de posnatal. Mientras el Estado transfiere hasta dos millones de pesos brutos mensuales para el pre y posnatal a una mujer que trabaja y pertenece al decil de ingresos más alto, sólo transfiere nueve mil pesos mensuales por concepto de embarazo a mujeres embarazadas, que no trabajan y pertenecen al 60 por ciento más pobre del país, a través del subsidio único familiar maternal. ¿Es esto justo? ¿Qué es más urgente: el bienestar de los niños más pobres o las condiciones laborales de las mujeres del decil más rico? Esto es especialmente grave cuando observamos la evidencia internacional, que nos advierte de la vital importancia de los primeros mil días de vida de un niño para su desarrollo cognitivo, físico y socioemocional, y cómo las precarias condiciones materiales pueden afectar dicho desarrollo.

Ejemplos como estos hay muchos. ¿Qué hacer para cambiar? Las elecciones presidenciales son una buena oportunidad. Antes de examinar cada una de las propuestas de los candidatos, deténgase en cómo proponen gastar los recursos fiscales y fíjese en quienes son sus principales beneficiados,poniendo especial atención en quienes se encuentran en riesgo social, como el 18 por ciento de los niños que se encuentran en situación de pobreza, las mujeres embarazadas de bajos recursos, los niños y jóvenes que desertaron de la educación escolar, las personas con discapacidades, los adultos mayores en situación de pobreza, las personas con enfermedades graves, etc.

Si queremos un país más justo, debemos mejorar la distribución de los recursos, invirtiendo ahí donde son más necesarios y tienen un mayor retorno social. El problema no es de puntería, sino de voluntad política. Es más fácil y rentable políticamente satisfacer a los grupos de poder, que a quienes por su precariedad carecen de voz.

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