Opinión La Segunda, 21 de marzo de 2017

No más tareas

Sylvia Eyzaguirre T. |

Qué bien suena el eslogan: ¡no más tareas! ¿Acaso alguien puede defender jornadas extenuantes de estudio escolar?

¿Quién desea que nuestros jóvenes y niños estén consumidos por sus tareas escolares, dejándolos en la práctica sin tiempo y energía para la recreación, el ocio o incluso la vida familiar? Obviamente nadie, pero, ¿es esta la realidad nacional? Los datos, y no la casuística tan popular hoy, dicen que no, aun cuando puedan existir excepciones.

Según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en todos los países que rindieron la prueba PISA en 2012 los profesores dan tareas escolares a sus alumnos. En promedio, los alumnos de enseñanza media de los países de la OCDE destinan casi cinco horas a la semana para realizar deberes escolares en sus hogares. En Chile, el tiempo promedio reportado es inferior al promedio de los países de la OCDE, a saber, tres horas semanales (menos de 30 minutos diarios). Es interesante notar que según estos datos el rendimiento de los alumnos, en la mayoría de los países de la OCDE, está correlacionado positivamente con el tiempo que destinan a realizar tareas. Esto significa que los alumnos que más tiempo dedican a realizar tareas en el hogar aprenden más. Esto es válido tanto para Corea del Sur, como para Finlandia, y también para el caso de Chile.

¿Resulta entonces razonable eliminar las tareas, como lo ha propuesto el alcalde Joaquín Lavín? Por supuesto que no, sobre todo cuando la evidencia empírica revela que, en todos los países de la OCDE, incluido Chile, los alumnos de nivel socioeconómico alto destinan más tiempo a realizar tareas en el hogar que los alumnos de nivel socioeconómico más bajo, lo que podría explicar en parte las brechas de aprendizaje entre jóvenes de distintos niveles socioeconómicos. Brecha que en nuestro país es indignante.

Eliminar las tareas es una medida popular y fácil, que no reporta ningún beneficio para los alumnos, en particular para los de bajos recursos. Por el contrario, regular las tareas escolares, de manera que el tiempo destinado a ellas sea razonable y estas cumplan un sentido pedagógico; que permitan desarrollar en los estudiantes, y no sólo competencias cognitivas, sino también la creatividad, proactividad y responsabilidad, entre otras cosas, es una medida que resulta beneficiosa para los estudiantes, especialmente para los más vulnerables, y es en esa dirección en la que se debería avanzar. Ahora bien, esto no es una tarea fácil y probablemente tampoco goce de gran popularidad, pero es importante que los alcaldes, que son los sostenedores de las escuelas y liceos públicos, no dejen de hacer sus tareas.

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