Opinión La Tercera, 24 de octubre de 2014

Nueva carrera docente: Desafío pendiente

Carrera Docente | Sylvia Eyzaguirre T. |

En medio del debate sobre el lucro, el financiamiento compartido y la selección hemos dejado de lado uno de los aspectos claves en lo que concierne a la calidad y equidad de nuestro sistema educativo: la calidad de nuestros docentes. La evidencia internacional indica que uno de los factores, al interior de la escuela, que más incide en el aprendizaje de los alumnos es la calidad de los profesores. El estudio de Sandres y Rivers (1996) encuentra que un alumno con un desempeño promedio (percentil 50) al cabo de tres años consecutivos con profesores de alto desempeño mejora su rendimiento de forma importante ubicándose dentro del 10% de mejor rendimiento (percentil 90), mientras que un alumno de igual rendimiento empeora de forma significativa su desempeño (percentil 37), si en ese período tiene docentes de bajo desempeño (ver gráfico).

Efectos de la calidad docente en el rendimiento de los estudiantes

Fuente: Sanders y Rivers (1996)

¿Cómo está nuestro país en este respecto?

La evidencia disponible nos sugiere que la calidad de nuestros docentes deja mucho que desear. Por una parte, observamos que en los últimos 10 años la matrícula de las carreras de educación ha crecido en 122%, alcanzando hoy una matrícula total cercana a los 120 mil estudiantes para un universo total de 200 mil profesores. Ello refleja que esta carrera es atractiva para una cantidad importante de alumnos, sin embargo no logra atraer a alumnos de alto rendimiento. Prácticamente un tercio de los alumnos que ingresó a estudiar pedagogía el año 2012 no rindió la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y entre quienes la rindieron el puntaje promedio fue de 489 puntos, significativamente por debajo al de las otras áreas del conocimiento. Si miramos los puntajes de corte, nos damos cuenta que estos son extremadamente bajos, cercanos a los 424 puntos, y con carreras que cortan bajo los 400 puntos como la carrera de educadora de párvulo, cuyo puntaje promedio de corte fue de 370 puntos.

A su vez, los resultados en la Evaluación Inicia nos indican que los egresados de pedagogía no cuentan con los conocimientos y habilidades mínimas para desempeñarse en el aula. En las pruebas de conocimientos disciplinarios y pedagógicos de educación parvularia el 60 y 62 por ciento, respectivamente, de los egresados que rindieron dichas pruebas obtuvo una calificación insuficiente. Para la carrera de educación general básica los resultados fueron mejores, pero de todas maneras preocupantes. Si analizamos la información a nivel de casas de estudio, se observa no sólo una gran diversidad de resultados, sino también que la mayoría de las instituciones tiene más del 50 por ciento de sus evaluados con resultados insatisfactorios y varias no tienen ningún alumno con una calificación sobresaliente. Estos resultados están en línea con los obtenidos en la prueba internacional TEDS-M, donde el 60 por ciento de quienes rindieron la prueba no contaba con los conocimientos básicos que debe enseñar, como, por ejemplo, la suma de fracciones.

Si queremos elevar la calidad de la docencia, debemos aumentar las exigencias a la entrada de las carreras de pedagogía, así como también a las casas de estudio que actualmente forman profesores. Pero ello sólo no basta. Junto con aumentar las exigencias, resulta necesario mejorar las condiciones laborales de tal manera que esta profesión resulte atractiva para personas con talento.

Actualmente, de las diez carreras profesionales peor remuneradas ocho pertenecen al área de educación. La remuneración promedio de los egresados de carreras de educación al primer y quinto año de titulación se encuentra 37 y 48 por ciento bajo lo que perciben en promedio los demás egresados universitarios, según Futuro Laboral. Además, la estructura salarial de los profesores es poco atractiva para profesionales de buen rendimiento, dado que las remuneraciones se incrementan principalmente por los años de experiencia y no por rendimiento (las asignaciones por buen desempeño equivalen en promedio a un 7 por ciento de la remuneración total de un profesor).

Como puede observarse en el gráfico a continuación, la curva verde representa el percentil 50 de los salarios de los profesionales según años de experiencia y la recta azul la remuneración promedio de los docentes del sector municipal. Por una parte, notamos que la remuneración de los docentes es considerablemente más baja que el promedio de las otras profesiones y la diferencia se incrementa particularmente en los primeros años de experiencia. Por otra parte, se advierte que las remuneraciones de las otras profesiones crecen más rápido en los primeros 15 años de experiencia laboral y luego su crecimiento es más lento, mientras que la remuneración de los docentes crece de forma pareja a lo largo de los años de experiencia, perdiendo competitividad sobre todo en los primeros años.

Comparación de remuneraciones entre docentes y otros profesionales

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Ministerio de Educación, 2011

Todos estos factores repercuten naturalmente en la valoración social de esta profesión. El estudio de Elige Educar en conjunto con el BID (2010) sobre percepciones vocacionales de estudiantes de 3° y 4° año de enseñanza media sitúa a la carrera de pedagogía como la de menor prestigio, luego de teatro (32%) y música (20%). Además, sólo un 22 por ciento de los jóvenes está de acuerdo o muy de acuerdo con que en Chile es un orgullo ser profesor.

Revertir la actual valoración social de la profesión docente no es tarea fácil. Se requiere determinación política para llevar adelante una verdadera reforma en este ámbito, que implica no sólo cuantiosos recursos, sino también cambios importantes en la forma en que estamos seleccionando y formando a nuestros jóvenes docentes, y en las condiciones laborales para ejercer la profesión (mejores remuneraciones y un desarrollo profesional más atractiva que valore el buen desempeño, sistema de evaluación con foco en el proceso de aprendizaje, formación continua de calidad, mayor flexibilidad para desvincular a docentes de bajo desempeño y mayor proporción de horas no lectivas, entre otras).

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