Opinión La Tercera Domingo 31 de julio de 2022

Para que no te pasen gato por liebre

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

La actual propuesta constitucional puede ser reformada en múltiples dimensiones: se puede modificar el sistema de pensiones, salud, educación, etc.; pero lo que no se puede cambiar es la plurinacionalidad, que es la columna vertebral del texto.

Existe un acuerdo transversal en el país de la necesidad de una nueva Constitución; así lo refleja el resultado del plebiscito de 2020. También parece haber consenso sobre la nueva propuesta constitucional; en todas las encuestas cerca del 90% no le gusta la propuesta o tiene reparos, solo el 10% estaría por aprobar tal cual el texto constitucional. (Es verdad que las encuestas son instrumentos imperfectos para aproximarse a lo que piensan las personas, pero para quienes no tenemos una bola de cristal sigue siendo el único instrumento con que contamos para ello.) Estos dos hechos -la necesidad de reemplazar la actual Constitución y los problemas que presenta la nueva propuesta- están marcando el debate constitucional a tal punto que para hacer más atractivas las dos alternativas de la papeleta (Apruebo y Rechazo), ambos bandos están ofreciendo reformas.

Por el lado del Rechazo, existe un consenso mayoritario sobre la necesidad de dar garantías de reforma previo al plebiscito. Ha sido en este espíritu que los senadores de la Democracia Cristiana Ximena Rincón y Matías Walker han presentado la rebaja de los quórums de la actual Constitución a 4/7, que ha sido apoyada transversalmente por los senadores de la ex Concertación y de la derecha. Pero claramente ello no es suficiente. Es fundamental que la ciudadanía, previo al plebiscito del 4 de septiembre, cuente con la mayor cantidad de información posible, de manera que las alternativas que estén en la papeleta reflejen efectivamente lo que ellos desean. Por eso es clave desde una perspectiva democrática que previo al plebiscito sepamos qué sucederá de ganar el Rechazo, toda vez que el Rechazo no se “vende” como inmovilismo, sino como cambio. En esta línea, es fundamental que prospere la propuesta de la senadora Rincón que en caso de ganar el Rechazo obliga al gobierno, a través de una modificación constitucional, a llamar a un plebiscito para que seamos los ciudadanos quienes decidamos cómo se elaborará el nuevo texto constitucional. Solo así la ciudadanía sabrá que votar Rechazo no es votar por Pinochet, como algunos quieren hacer creer.

Por el lado del Apruebo, no es tan evidente el espíritu de reforma. Si bien un grupo importante de políticos provenientes de la ex Concertación, especialmente del Partido Socialista, han declarado la necesidad de modificar aspectos fundamentales de la propuesta constitucional; otros como el Partido Comunista y políticos del Frente Amplio han negado esta alternativa, ya sea defendiendo el texto a rajatabla o diciendo que se debe esperar la elaboración de las leyes. Si el Apruebo quiere ampliar su votación, debe lograr capturar el voto de quienes, sin gustarle el texto, están por Aprobar en la medida que se lo reforme. Para que esta alternativa se materialice y no se convierta en un engaño, es clave que la coalición por el Apruebo avance en acordar los cambios que ellos impulsarán al texto constitucional previo al plebiscito de septiembre. Por cierto, no se pueden comprometer a que estos cambios efectivamente se realicen, toda vez que necesitan de los votos de quienes están por el Rechazo. Pero es el estándar democrático mínimo que se debe exigir para convertir la alternativa del Apruebo en un Apruebo con reformas.

Con todo, esta alternativa tiene un límite y es importante que las personas que quieran votar por ella lo sepan ex ante: la plurinacionalidad. La actual propuesta constitucional puede ser reformada en múltiples dimensiones: se puede modificar el sistema de pensiones, salud, educación, etc.; pero lo que no se puede cambiar es la plurinacionalidad, que es la columna vertebral del texto. La alternativa del Apruebo no se puede reducir a un conjunto vacío, ella implica a lo menos aceptar el Estado plurinacional y las autonomías territoriales indígenas, pues el primero es el concepto que articula y atraviesa la propuesta completa, y el segundo requiere el consentimiento de los pueblos originarios para su modificación.

Es importante que a la hora del plebiscito no nos vendan gato por liebre.

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