Opinión La Tercera Domingo 7 de julio de 2019

Populismo al acecho

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: La Tercera

¿Cómo estamos en Chile? Si los partidos son los guardianes de la democracia, entonces la situación en nuestro país es preocupante. La falta de confianza de la ciudadanía en los partidos políticos es una clara señal de debilitamiento.

En los últimos años hemos visto cómo las democracias liberales en Europa y América se han ido debilitando y han ido emergiendo con fuerza figuras o partidos políticos nacionalistas, conservadores en el plano valórico, de ultraderecha o izquierda, con un tinte populista y potencial corte autoritario. Pareciera ser que las democracias liberales están siendo amenazadas por los cambios que ha traído consigo la globalización, tal vez los dos más importantes son migración y producción. La producción se ha desplazado a lugares con mano de obra barata o donde pagan menos impuestos, afectando el mercado laboral. No solo eso, la eficiencia en la producción ha destruido parte de las industrias locales que no lograron ser competitivas. Ello no necesariamente es negativo, sin embargo, en el corto plazo trae desempleo y frustración. A los cambios en la producción debemos sumar el crecimiento de la migración. Millones de personas migran al año en busca de refugio u oportunidades. La inmigración puede afectar positivamente la economía de un país, pero puede en el corto plazo también afectar negativamente el empleo y los salarios de la población local. La concentración territorial de inmigrantes también causa conflicto social. Cuando los locales sienten que son minoría o se sienten amenazados por la creciente población extranjera, se exacerban los sentimientos nacionalistas y xenofóbicos. Este escenario se volverá mucho más crítico cuando empiece en serio la automatización del trabajo.

En Europa, parte importante de las democracias liberales no han sabido responder a los temores de la ciudadanía. Ante las tensiones políticas que provocan los cambios, la clase política se polariza y la posibilidad de llegar a acuerdos se vuelve prácticamente imposible. Cuando esto sucede, se abre espacio para el surgimiento del populismo. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en su libro Cómo mueren las democracias, consideran la polarización de la élite política como una señal de alerta. Según los autores, hay dos normas democráticas no escritas que han fortalecido el mecanismo de control y equilibrio en Estados Unidos e influyen en la salud de la democracia: aceptar al adversario político como legítimo y la moderación a la hora de desplegar el programa de gobierno. Ambas normas evitan la lucha a muerte entre las distintas fuerzas políticas que terminan por destruir la democracia, normas que en nuestro país ya se transgredieron.

¿Cómo estamos en Chile? Si los partidos son los guardianes de la democracia, como afirman los autores en su libro, entonces la situación en nuestro país es preocupante. La falta de confianza de la ciudadanía en los partidos políticos es una clara señal de debilitamiento. La crisis de nuestras instituciones es otra señal preocupante, de ahí la urgencia por fortalecerlas. La polarización de la élite política puede significar marginalmente y en el corto plazo un rédito político para algunos, pero mirado con perspectiva solo está debilitando nuestra democracia liberal y abriendo la puerta para la emergencia del populismo y líderes demagogos, tanto de izquierda como de derecha. No creo que sea casualidad que quienes hoy están en la mejor posición para ostentar la presidencia exhiban algunos rasgos populistas (José Antonio Kast, Joaquín Lavín y Beatriz Sánchez).

Se vienen tiempos de desafíos. La inmigración en nuestro país seguirá creciendo y la automatización laboral recién empieza a aparecer. La historia reciente nos ha mostrado que no basta resaltar los beneficios de la globalización; las democracias liberales deben buscar formas de responder a los temores de la ciudadanía si quieren sostenerse y evitar el populismo. Pero para ello se requiere que las fuerzas políticas entiendan que el diálogo es consustancial a la democracia y lo ejerciten, fortalecer nuestras instituciones que limitan el poder de los gobernantes y personas o instituciones pensando con rigurosidad en los desafíos del país. Habrá que ver si nuestros políticos están a la altura de los tiempos.

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