Opinión La Segunda, 18 de abril de 2017

Reforma al currículo nacional

Sylvia Eyzaguirre T. |

Los países más vanguardistas han avanzado a un currículo todavía más flexible: en Finlandia acaban de terminar con las asignaturas.

El Ministerio de Educación (Mineduc) ha presentado una propuesta curricular para tercero y cuarto medio. ¿Responde esta propuesta a los desafíos que hoy demanda la enseñanza media? La respuesta es no.

La propuesta del Mineduc es conservadora, con bajos estándares de exigencia y denota un desprecio por la formación técnico-profesional. Las modificaciones propuestas no logran poner nuestro currículo a tono con el de los países desarrollados.

En primer lugar, llama la atención su rigidez, en contraposición con la flexibilidad que caracteriza a los currículos de países desarrollados. En éstos, los estudiantes que optan por el camino científico-humanista tienen pocas asignaturas, que desarrollan en profundidad y la mayoría es elegida por ellos. Los países más vanguardistas han avanzado a un currículo todavía más flexible: en Finlandia acaban de terminar con las asignaturas y en Singapur ganan terreno los espacios curriculares abiertos donde se integran diferentes conocimientos. Por el contrario, la propuesta científico-humanista del Mineduc contempla diez asignaturas obligatorias y luego tres asignaturas electivas, que permiten profundizar en algunas dimensiones de las asignaturas obligatorias, dimensiones que no quedan a elección de los estudiantes, sino que están establecidas de forma arbitraria por el Estado. Por ejemplo, un alumno que quiere profundizar en inglés debe elegir entre el electivo inglés para el mundo científico tecnológico o para el del entorno social, pero no existe la posibilidad de estudiar lingüística inglesa o literatura. En filosofía sucede lo mismo. El Mineduc sólo permite profundizar en las áreas de estética, conocimiento o poder, quedando excluidas la ética, la metafísica, filosofía del lenguaje, etc.

El otro problema que tiene la actual propuesta es el bajo estándar de exigencia. Ello está estrechamente relacionado con la cantidad de asignaturas y con lo laxo de los objetivos de aprendizaje. A mayor cantidad de asignaturas, menor posibilidad de profundizar; y a menor profundización, menor desarrollo de habilidades complejas fundamentales como razonamiento lógico, capacidad analítica y hermenéutica, y pensamiento crítico.

Por último, pero tal vez uno de los aspectos más graves, es la subestimación del mundo técnico-profesional. La propuesta considera 19 horas semanales para la formación general, que tiene un sesgo científico-humanista, dejando un espacio muy reducido para el aprendizaje de un oficio o profesión. A ello se suma la rigidez de la formación general, compuesta por diez asignaturas obligatorias, sin espacio para elegir asignaturas o profundizar en algún área en particular.

La propuesta curricular, en vez de abrir un espacio pedagógico donde cada alumno pueda definir su propia trayectoria, establece una trayectoria determinada, que revela una forma dogmática de entender la educación.

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