Opinión La Tercera Domingo 6 de octubre de 2019

Tolerancia

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: Pablo Ovalle Isamendi

La intolerancia a la divergencia fue lo que llevó a un amplio grupo de parlamentarios de oposición a acusar constitucionalmente a la ministra de Educación.

La democracia se funda en el principio de tolerancia. Precisamente porque pensamos distinto y consideramos esa diferencia legítima es que la democracia como forma de resolver las diferencias tiene sentido. No contento con un sistema democrático, nuestro país transitó recientemente de un modelo binominal a uno proporcional. ¿Qué implicancias conlleva este cambio? En concreto, el sistema proporcional permite a grupos minoritarios tener representación parlamentaria en contraposición con el sistema binominal que privilegia a las dos fuerzas políticas más importantes. ¿Qué supone este cambio? Un cambio en la valoración de la diversidad. Si las sociedades globalizadas se vuelven cada vez más pluralistas y esa pluralidad es concebida como legítima y un valor en sí misma, entonces es necesario que el sistema político represente dicha diversidad.

Esta transición a un sistema proporcional no se condice con la polarización de la clase política. La acusación constitucional es una muestra de ello. La intolerancia a la divergencia fue lo que llevó a un amplio grupo de parlamentarios de oposición a acusar constitucionalmente a la ministra de Educación. La sola diferencia política o incluso la animadversión contra la ministra no es argumento suficiente para destituir a un ministro de Estado y despojarlo por 5 años de sus derechos ciudadanos. Algunos consideran que el problema radica en las consecuencias de la destitución, pero no se dan cuenta que dichas consecuencias son coherentes con las faltas que ameritan la acusación. El problema de las acusaciones constitucionales no yace en sus consecuencias exacerbadas, sino en el uso frívolo que se le quiere dar.

Esta intolerancia de la clase política también se manifiesta en el permanente bullying que reciben los parlamentarios de la oposición que no votan alineados con las fuerzas de la extrema izquierda. La última víctima ha sido el diputado Pepe Auth, a quien están tratando de destituir de la presidencia de la Cámara por haber votado en conciencia una acusación que no cumplía con los méritos jurídicos que exige la Constitución. La oposición aún no ha entendido que el nuevo sistema proporcional, que fue impulsado y aprobado por ellos mismos, propicia la diversidad, tanto al interior de la oposición como del gobierno. ¿En qué minuto se olvidaron del fin que perseguían con esta reforma? ¿En qué momento se convirtió esta diversidad en una traición? Todavía el Partido Socialista comete el error de comprender a la oposición como una fuerza hegemónica, anclada en el paradigma binominal, paradigma que precisamente querían superar.

La democracia se funda en el principio de igualdad. Si realmente creemos en este principio, entonces la tolerancia se vuelve forzosa. El nuevo sistema político proporcional reconoce y valora dicha igualdad, dándole más cabida a las distintas fuerzas políticas. Ello debiera llevar a los distintos partidos a entender que las coaliciones, si tienen voluntad de poder, deben ser significativamente más tolerantes. Llegó la hora de que los partidos de izquierda dejen atrás sus discursos moralizantes, propios de los dueños de la verdad, para pasar a un discurso más tolerante que permita la unión de las distintas fuerzas en torno a ideas matrices y así construir una alternativa a la coalición gobernante.

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