Opinión El Mercurio, 24/9/2011

Tablas

Harald Beyer |

La educación sigue marcando el debate en el país . Los estudiantes se movilizan y el Gobierno defiende su agenda, pero sin revelar demasiado sus aspectos específicos. Por cierto, éste ha sido bastante explícito en aquellos aspectos en los que no pretende innovar respecto del actual marco regulatorio. Claro que los estudiantes insisten en levantar estos últimos. Es difícil lograr un diálogo razonable a partir de este estado de las cosas.

En el ajedrez los jugadores expertos rápidamente se percatan cuando han llegado a una situación en la que ninguno podrá vencer al otro. Acuerdan tablas, y reinician el juego con nuevas estrategias. Los novicios, en cambio, pueden pasarse mucho tiempo más jugando, sin resultados productivos. Obviamente, en ese proceso podrían cometer errores y perder la partida.

Sin embargo, no es esto lo que ha ocurrido, porque nuestros jugadores no son tan inexpertos. Así, el juego se ha prolongado, a pesar de que es evidente que están en una situación que amerita tablas. Los estudiantes, si bien no se han desgastado, tampoco han ganado en fuerza, y legítimamente las bases comienzan a preguntarse por los resultados concretos de los cuatro meses de movilizaciones. La ambición, de alguna manera, puede terminar pasándoles la cuenta.

Dicha emoción era entendible atendida la baja popularidad y, por tanto, el debilitamiento del Gobierno. Pero éste, más allá de cómo esté evolucionado su apoyo ciudadano, se ha ido recomponiendo. Ocurre que los que están sentados en La Moneda ganaron su derecho en las urnas, y ello, al final del día, pesa, sobre todo en un régimen presidencialista.

Más aun cuando aquí no se puede acudir a los defectos del sistema binominal. En alguna medida, la crisis de representatividad que se esgrime fortalece el poder presidencial. Por eso, si el gobierno estima que no se debe refundar el sistema de educación superior, es muy difícil forzarlo a ello. Es un asunto que debe resolverse en las urnas o en el Congreso antes que en un diálogo con un grupo de actores que en este asunto tienen intereses comprometidos.

El Gobierno tiene la oportunidad la próxima semana de destrabar este juego por la fuerza de los hechos. Por una parte, siguiendo un mandato legal, tendrá que presentar su proyecto de desmunicipalización. Por otra, su proyecto de Ley de Presupuesto, que en muchos aspectos tendrá que explicitar directa o indirectamente su agenda educacional de formas más concretas.

Esta realidad podría permitir que se avance ahora a una etapa más productiva. Desde luego, es una oportunidad para que el Ejecutivo plasme y comunique con mucho más precisión sus énfasis. Pero también es el momento para que los dirigentes estudiantiles olviden posturas maximalistas que no se concretarán en esta oportunidad y abrochen, en un diálogo efectivo, una serie de iniciativas que afectan de modo directo el bienestar de los estudiantes y de sus familias.

En caso contrario, podría producirse la paradoja de que quizás el grupo de dirigentes estudiantiles más exitosos en mucho tiempo no logre que se materialice una agenda que ellos mismos empujaron desde sus inicios. Es el momento de recordar los planteamientos originales y hacerlos realidad. Finalmente, los dirigentes de cualquier organización son recordados y valorados por su efectividad.

Los actuales corren el riesgo de que sean las movilizaciones -que es sólo el instrumento- las que queden guardadas en la memoria colectiva, y no su capacidad para articular reformas que cambien la situación de los que se busca beneficiar con esas actividades. Claro que hay algo en las excesivas y reiteradas declaraciones de los dirigentes estudiantiles en el último tiempo que sugiere que están atrapados en un juego improductivo y que no serán capaces de cerrarlo apropiadamente.

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