Opinión El Mercurio, 26 de octubre de 2014

Un mundo nublado e incierto

Vittorio Corbo |

Como lo he manifestado en columnas anteriores, la economía mundial sigue sorprendiendo año tras año con crecimientos menores que lo proyectado. En esta línea, el reciente informe del FMI sobre las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), dado a conocer hace dos semanas en Washington, sostiene que a la economía mundial le ha costado recuperarse de la Gran Crisis Financiera de 2008-2009, lo que ha resultado en continuas revisiones a la baja en las tasas de crecimiento de la mayoría de los países. Según el FMI, esto ha sido la consecuencia de la interacción de dos factores. Primero, la herencia de altos endeudamientos y altos desempleos que dejó la crisis, lo que impacta el dinamismo del gasto interno. Segundo, la realización de que el futuro se ve más nublado con la reducción a la baja que han tenido las tasas de crecimiento potencial -en parte por las bajas tasas de inversión que siguieron a la crisis, el deterioro del capital humano asociado al prolongado desempleo, y una menor tasa de crecimiento de la productividad-, lo que afecta las expectativas e impacta a la inversión y al consumo privado.

Pero no solo se han ajustado a la baja las proyecciones del FMI y de otras fuentes, sino que también los riesgos han aumentado en el margen. Los tres principales son: (1) las bajísimas tasas de interés en los países avanzados han llevado a una busca agresiva de retornos y a una subestimación de los riesgos, lo que expone a los mercados financieros a una mayor volatilidad frente a shocks inesperados o cuando se acerque el momento en que la Fed comience a aumentar sus tasas de política; (2) las crisis en Ucrania y el Medio Oriente han aumentado los riesgos geopolíticos; y (3) la Zona Euro puede entrar en recesión y deflación, con consecuencias muy negativas para la solvencia fiscal de sus países con altas deudas, así como para sus perspectivas de crecimiento futuro. De hecho, en su reciente WEO el FMI estima que la probabilidad de una recesión en la Zona Euro en los próximos cuatro trimestres alcanza al 40%, en tanto que la probabilidad de una deflación la estima en 30%.

Con todo, hay importantes diferencias en cuanto a perspectivas entre países. Entre los países avanzados más importantes, los llamados G-7, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá siguen su recuperación. Los dos primeros han dejado atrás sus crisis financieras y se han beneficiado de políticas monetarias expansivas, el fortalecimiento de sus sistemas financieros y mercados laborales flexibles que facilitaron el ajuste y ahora apuntalan su expansión, que se apoya en aumentos en el empleo, aumentos de riqueza y mejores expectativas tanto de empresarios como de consumidores. Canadá no tuvo una crisis financiera y sus políticas monetaria y fiscal le permitieron amortiguar los efectos de la recesión mundial del año 2009, y ahora se beneficia del repunte de los Estados Unidos.

En contraste, la Zona Euro ha vuelto a perder dinamismo, con sus tres principales economías, miembros del G-7, en dificultades. Alemania se encuentra al borde de la recesión, Francia estancada e Italia en su tercera recesión en los últimos tres años. A la Zona Euro le ha sido más difícil resolver los problemas heredados de la crisis (insolvencia de un número importante de familias y empresas, y alto endeudamiento público), al tiempo que sus sistemas económicos no ayudan al ajuste (mercados laborales muy rígidos, un pesado sector público, falta de competencia en servicios, etc.). El alto endeudamiento es especialmente importante en los países periféricos, pero la región como un todo enfrenta el problema de una reducción en su crecimiento potencial que afecta a las expectativas, al gasto privado y a la solvencia de sus sectores públicos y privados.

Que su recuperación ha sido difícil lo muestra un nivel de producto que está hoy cerca de un 3% por debajo del nivel del primer trimestre del año 2008. Pero no todo es negativo en la Zona Euro, entre los países periféricos destaca el dinamismo que ha estado tomando España gracias a las acciones decididas que tomó para reestructurar su sistema de cajas y a reformas estructurales en el mercado laboral y en el sector público.

A Japón, otro miembro de los G-7, le ha costado recuperarse del bajón del segundo trimestre asociado al alza del IVA, pero enfrenta con mayor fuerza el problema de una elevada deuda pública y un bajísimo crecimiento potencial (debido a una baja inversión, un bajo crecimiento de la productividad y el envejecimiento de la población).

No obstante, las principales revisiones a la baja de las proyecciones de crecimiento del FMI y del Consensus Forecast de los últimos años han estado en los países emergentes. En estos países, la aceleración del crecimiento que experimentaron en el período 2006-2011 es cosa del pasado. A esto han contribuido la desaceleración de China y sus efectos en precios de productos primarios, la pronunciada desaceleración del crecimiento del comercio mundial -que ha superado con creces a la desaceleración del producto mundial-, la caída en la relación de inversión extranjera directa a PIB que se ha observado en el mundo en los últimos cinco años, y, por último, el deterioro de las políticas internas en países importantes, causadas, en parte, por una carencia de reformas. Pero no solo se han reducido las proyecciones de crecimiento de años recientes, sino que también se han reducido las proyecciones de crecimiento potencial, las que se estima que, como grupo, han bajado en 1,5 puntos porcentuales con respecto a la estimada en el año 2011.

Pero también hay diferencias entre países emergentes. China se desacelera moderadamente, creciendo en el tercer trimestre un 7,3% anual, la tasa de crecimiento más baja desde 2009, y todo apunta a que se seguirá desacelerando moderadamente hasta converger a su nueva tasa de crecimiento potencial en torno al 6% anual o menos hacia el final de esta década (FMI, ConferenceBoard). Por su parte India, una economía aún muy cerrada al mundo, ha sufrido los efectos de una inflación alta, de un deterioro en el ambiente de negocios y de shocks internos en su agricultura. La nueva administración de Narendra Modi trabaja en reducir el déficit fiscal, mejorar el ambiente de negocios, liberalizar su mercado laboral y aumentar la competencia de sus mercados, lo que, unido a un banco central que avanza en la implementación de un esquema de metas de inflación con creciente credibilidad, debiera ayudar a mejorar las perspectivas de crecimiento tanto efectivo como potencial. La caída pronunciada del precio del petróleo, de sostenerse, le va a otorgar un bono adicional.

Asimismo, Rusia se desacelera debido a un deterioro en el ambiente de negocios que ha seguido a la crisis de Ucrania, a las medidas del gobierno -que impactan la inversión doméstica y la inversión extranjera directa- y a los efectos de la caída en el precio del petróleo. Como resultado, su crecimiento efectivo y potencial también se ven mermados.

En América Latina, destacan las buenas perspectivas de México, Colombia y Perú. El primero ha introducido una serie de reformas estructurales que se estima incrementarán su crecimiento potencial en torno a dos puntos porcentuales, llevándolo a un valor en torno al 4,5% anual. Colombia, por su parte, se está beneficiando de la recuperación de la inversión como resultado de mejoras en seguridad interna en el margen. Perú está enfrentando el deterioro de su entorno externo con una serie de políticas encaminadas a mejorar el ambiente de negocios, al tiempo que avanza en cuantiosas inversiones en obras de infraestructura. En contraste, en Brasil se han reducido con fuerza las proyecciones de crecimiento para este y el próximo año, como resultado de un deterioro en el ambiente de negocios y la combinación de una política fiscal muy expansiva con una política monetaria restrictiva, lo que ha impedido que se materialice el ajuste cambiario que la economía requiere.

Este escenario externo, unido a los desarrollos internos de los últimos años, presenta importantes retos para los países emergentes que buscan sostener altas tasas de crecimiento.

Primero, con el deterioro en las perspectivas de crecimiento, la inversión extranjera directa va a observar con mucha más atención los ambientes de negocios, los marcos institucionales y las políticas económicas de los países.

Segundo, ahora que se acabó el viento de cola de los buenos precios de productos primarios y que es altamente probable que las condiciones financieras internacionales se tornen menos favorables, los países emergentes tendrán que preocuparse de fortalecer su marco de políticas macroeconómicas y financieras, para enfrentar en mejor forma condiciones financieras externas adversas y crear un ambiente más favorable para aumentar el crecimiento potencial. Para esto último se requiere crear condiciones propicias para la inversión, el emprendimiento, la contratación de trabajadores, la acumulación de capital humano y los aumentos de productividad.

De no ajustarse para enfrentar esta nueva realidad, los países emergentes en general y los de ingresos medios altos en particular, como Chile o Polonia, por ejemplo, corren el riesgo de anclarse en un crecimiento bajo que los deje insertos en la trampa de los ingresos medios, frustrando las expectativas de progreso de sus clases medias, bien alimentadas por los recientes años de alto crecimiento.

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