Opinión El Mercurio , domingo 20 de enero de 2008.

¿Un país con elevada flexibilidad laboral?

Harald Beyer |

Esta semana el ministro Andrade defendió la flexibilidad laboral en una columna apoyándose en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation. Aquí, la opinión de Harald Beyer sobre este tema.

El recientemente divulgado Índice de Libertad Económica ubica a Chile en el lugar número 8 entre los países de mayor libertad económica. Ello no es extraño porque, entre otros aspectos, el país goza de una amplia apertura comercial, de un elevado respeto al derecho de propiedad y de mercados que, en su gran mayoría, funcionan sin intervenciones de la autoridad. El índice contiene entre sus 10 subíndices uno de libertad laboral. El lugar de Chile en el mismo parece clausurar de una plumada la discusión sobre el grado de flexibilidad de nuestro mercado del trabajo. Ocupa la posición nueve entre 166 países. ¡Pero algo no cuadra! Chile sigue teniendo una de las menores tasas de empleo del mundo. En ese hecho influye la baja tasa de participación de la mujer en el mercado laboral, pero la evidencia comparada también sugiere que la tasa de empleo de los hombres está por debajo de la que se observa en otros lugares del orbe.

Esta última es especialmente baja en el primer quintil de ingresos, donde alcanza, entre los hombres mayores de 15 años, sólo a un 51%. Esto contrasta con una tasa de 78 por ciento en el quintil de más altos ingresos. Más aún, tanto la Casen como las encuestas de empleo del INE revelan que la tasa de empleo de los hombres es actualmente más baja que la mitad de los 90. Esta caída es más pronunciada entre los jóvenes; pero si se toma el grupo entre 25 y 59 años, el fenómeno también está presente. Claro que se concentra exclusivamente en los hombres del primer quintil de ingresos, quienes vieron reducido su empleo entre 1996 y 2006 desde un 82 a un 74%. En los demás grupos de ingresos las tasas de empleo son similares en ambos años.

Pero no sólo hay bajas tasas de empleo en Chile. Hay otras cosas difíciles de explicar en un mercado laboral flexible. Por una parte, han estado disminuyendo los asalariados que son contratados de manera indefinida. En la última década han bajado desde un 81 a un 65%. Han subido los que tienen contrato a plazo fijo o por obra y faena. Estos últimos contratos ya no se usan sólo en la agricultura y la construcción, como ha sido habitual en el país. Por otra parte, hay antecedentes que sugieren que más de la mitad de los contratos indefinidos que se han creado en los últimos años dura menos de 12 meses. Nuestros empleadores están evitando relaciones laborales de larga duración. Cuesta creer que este sea un equilibrio eficiente para las empresas, los trabajadores y el país, pero se entiende como respuesta a una legislación que se estima hace muy caro el término de una relación laboral.

¿Cómo explicamos, entonces, este indicador de libertad laboral? Tal vez tengamos que concluir que nuestros datos sobre desempeño laboral son demasiado imperfectos. Siempre está la tentación de hacerlo, pero quizás haya que someter al indicador a un mayor escrutinio. Debe notarse que éste es una adaptación del indicador de rigidez laboral contenido en el reporte Doing Business del Banco Mundial. Chile ocupa el lugar 68 entre 177 países. Esta posición resulta más consistente con la evidencia que proviene de nuestro mercado laboral. Pero si el primero se deriva del segundo, ¿cómo hay un cambio tan marcado? El indicador de libertad laboral se articula en un subconjunto reducido de variables, modificándose, además en algunos casos, los criterios empleados en producirlos. Ello puede hacer más relevantes los errores de medición en cada una de ellas.

El salario mínimo relativo que pesa 25% en el cómputo de este subíndice adolece de esos errores. Éste pretende capturar las dificultades de contratar a un trabajador poco capacitado y sorprende que el valor informado para Chile sea cero. Si se usa, como reporta el Índice en su página 53, el salario mínimo como proporción del valor agregado por trabajador, dicho valor debería acercarse a 0,2. Para Chile, entonces, este subíndice no está adecuadamente representado. Pero, además, la elección de esta variable es inapropiada, sobre todo si se comparan países con desigualdades salariales muy distintas.

Es más adecuado comparar el salario mínimo respecto de la mediana de la distribución salarial y en esta dimensión Chile presenta un valor muy alto. Por cierto, es una comparación que se puede hacer para pocos países. Claro que ayudaría a entender por qué tenemos tan pocas personas empleadas en los grupos de más bajos ingresos. Entonces, el debate sobre el grado de inflexibilidad del mercado del trabajo está lejos de ser zanjado.

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