Opinión El Mercurio, 9 de abril de 2017

Refrescando la memoria y levantando la vista

Vittorio Corbo |

En vez de utilizar mis propios números y sugerencias solamente, también usaré los hallazgos de estudios internacionales sobre progreso económico-social y mediciones de satisfacción y los análisis que identifican las principales limitantes al crecimiento de Chile.

Para seguir mejorando el bienestar de los chilenos y obtener recursos para financiar la creciente demanda por bienes públicos, es fundamental poder alcanzar y sostener altas tasas de crecimiento por un período más prolongado de tiempo.

Después de la experiencia de los últimos años en Chile, caracterizada por tasas de crecimiento muy bajas y constantes cuestionamientos al modelo de economía de mercado implementado y ajustado durante los últimos treinta años, bien vale la pena revisar el progreso del país a la luz de la experiencia internacional y preguntarse, de nuevo, dónde están las oportunidades y cuál debiera ser el camino para dar un salto en la tasa de crecimiento de nuestro país en el futuro próximo.

En vez de utilizar mis propios números y sugerencias solamente, también usaré los hallazgos de estudios internacionales sobre progreso económico-social y mediciones de satisfacción y los análisis que identifican las principales limitantes al crecimiento de Chile.

El Banco Mundial en sus Indicadores de Desarrollo Mundial publica cifras comparadas del progreso de los países. Los indicadores son múltiples y, para efectos de esta columna, me voy a referir a los de producto per cápita en Paridad de Poder de Compra (PPC), mortalidad de los infantes (menores de un año), mortalidad infantil (menores de 5 años), expectativa de vida al nacer, acceso a teléfonos, agua potable, alcantarillado y pobreza.

En mortalidad de los infantes e infantil, Chile pasó de niveles por sobre la media de América Latina en 1970 -aunque superado, entre otros, por Argentina, Uruguay, Venezuela y Costa Rica-, a tener hoy las tasas más bajas de la región y acercándose al promedio de la OCDE.

En esperanza de vida al nacer, Chile pasó de estar rezagado respecto de Argentina, Uruguay, Costa Rica y Venezuela, a estar a la vanguardia de toda la región, e incluso por sobre el promedio de la OCDE y de Estados Unidos, superando a este último por 2,6 años. Esto significa que se espera que un recién nacido en Chile viva 2,6 años más que un recién nacido en Estados Unidos.

En PIB per cápita en PPC, Chile pasó de estar bajo el promedio regional en 1970 a tener el producto per cápita más alto de la región en la actualidad. En cuanto a los niveles de pobreza, Chile estaba en la media de la región en 1970, y hoy registra el segundo nivel más bajo de la región, solo superado por Uruguay. En indicadores de acceso a teléfonos, a agua potable y a alcantarillado, Chile también pasó de estar en la media a liderar en la región.

Pero el nivel alcanzado por el producto per cápita de Chile subestima las posibles ganancias en bienestar de la población, dado que, al mismo tiempo que el PIB per cápita aumentaba, el acceso a una mayor variedad y mejor calidad de bienes y servicios se expandía, gracias a la apertura externa, lo que no es capturado adecuadamente por la medición de producto per cápita.

Cuando se consideran indicadores más comprehensivos de bienestar, como la satisfacción con la vida, se puede apreciar que, junto con el crecimiento económico, los chilenos han declarado altos y crecientes niveles de satisfacción con la vida en los estudios de opinión. De hecho, de acuerdo con cifras de la encuesta CEP, un 82% de la población se declaró satisfecho o muy satisfecho con su vida en 2015, 20 puntos porcentuales más que en 1995.

Por su parte, el Informe de Desarrollo Humano del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) elabora el Índice de Desarrollo Humano, que es un indicador más holístico del desarrollo, el cual incluye aspectos tales como la salud (esperanza de vida al nacer), educación (alfabetización adulta y nivel de estudios alcanzado) y nivel de vida (PIB per cápita en PPC).

En este indicador, Chile pasó de estar en el lugar 50 al 38, entre 1990 y 2016, por encima de todos los países de la región. Además, según este mismo estudio, Chile tiene la segunda mayor clase media de la región como porcentaje de la población, superado solo por Uruguay.

Estos resultados no son producto del azar. Por el contrario, han sido posibles gracias al modelo de economía de mercado competitivo y abierto al mundo que Chile, y la mayoría de los países exitosos del mundo, han adoptado en el período de posguerra. Este modelo generó un alto crecimiento en los últimos treinta años -5,1% promedio anual-, y promovió el empleo, lo que unido a políticas sociales que privilegiaron la nutrición infantil y el acceso a servicios básicos a los grupos más pobres de la población permitieron importantes avances en el bienestar de la población, los que eran impensados treinta años atrás.

En cuanto a oportunidades para crecer y continuar reduciendo la brecha de producto per cápita con países avanzados, varios estudios (Corbo 2015, Informe Anual de 2016 de la Comisión Nacional de Productividad, y OCDE, 2017 Going for Growth) señalan que las principales oportunidades radican en crear un ambiente más favorable para la inversión y en lograr un alza en la tasa de crecimiento de la productividad.

Para atenuar los efectos del envejecimiento de la población en el crecimiento de la fuerza de trabajo, es necesario seguir avanzando en reducir barreras que restringen el ingreso de las mujeres y de los jóvenes con poca calificación al mercado laboral.

Para mejorar el ambiente de inversión es fundamental racionalizar y alivianar la carga regulatoria (OCDE, 2017) y reducir la incertidumbre que limita el emprendimiento de nuevas inversiones. Para aumentar la tasa de crecimiento de la productividad es necesario actuar en varios frentes. En capital humano, se requiere mejorar significativamente la calidad de la educación preescolar, básica, media y técnica, a la que tienen acceso los grupos de clase media y, particularmente, los más pobres de la sociedad. También se necesita facilitar la inmigración de trabajadores, especialmente de los con alto capital humano, y fortalecer los sistemas de capacitación.

Por otra parte, también es importante mejorar la reasignación de trabajo hacia áreas más productivas. En este tema, la OCDE ha recomendado desde hace muchos años reducir las indemnizaciones por años de servicios para los trabajadores con contrato, para facilitar el ajuste del mercado laboral y promover la formalización laboral.

En competencia y regulación, se requiere reforzar los mecanismos de promoción y protección de la competencia en los mercados de bienes y servicios, reducir la complejidad de los procedimientos administrativos para los negocios, y fortalecer la institucionalidad y simplificar las regulaciones sectoriales (OCDE, 2017).

A esta lista habría que agregar ahora una simplificación y reorientación del sistema tributario, que permita reducir el costo administrativo para los contribuyentes y el Estado, y en paralelo, atenuar sus efectos negativos sobre el ahorro y la inversión.

Al fin y al cabo, en materia de crecimiento, no es necesario reinventar la rueda. El mundo y Chile han aprendido mucho en los últimos treinta años sobre el rol de las políticas y las instituciones en generar una tasa de crecimiento alta y sostenible.

Chile tiene un muy buen punto de partida en sus políticas e instituciones macrofinancieras, un gran activo del cual carecen muchos países vecinos. Lo que cabe ahora es reconocer los logros de las tres décadas pasadas y enmendar el rumbo, de modo de generar un ambiente más favorable para la competencia, la inversión y el crecimiento de la productividad, en un marco donde se respeten los derechos de consumidores, trabajadores y empresarios.

Para seguir mejorando el bienestar de los chilenos y obtener recursos para financiar la creciente demanda por bienes públicos, es fundamental poder alcanzar y sostener altas tasas de crecimiento por un período más prolongado de tiempo. La tarea no es fácil, pero dado los beneficios de seguir avanzando en pos del desarrollo con modelos y políticas conocidos, evitando atajos y experimentos, bien vale la pena emprenderla.

En materia de crecimiento, no es necesario reinventar la rueda. El mundo y Chile han aprendido mucho en los últimos treinta años sobre el rol de las políticas y las instituciones en generar una tasa de crecimiento alta y sostenible. Chile tiene un muy buen punto de partida en sus políticas e instituciones macrofinancieras, un gran activo del cual carecen muchos países vecinos. Lo que cabe ahora es reconocer los logros de las tres décadas pasadas y enmendar el rumbo".