Opinión La Tercera, 3 de julio de 2016

Vittorio Corbo tras el brexit: "si no hacemos nada, el crecimiento de Chile va a ser más bajo de lo que pensábamos antes"

Vittorio Corbo |

“Sorprendido” se declara el investigador senior del CEP, de que en el Reino Unido haya triunfado finalmente la alternativa de salirse de la Unión Europea (UE).

Imagen foto_00000001por Olga Bustamante Fuentes

"Sorprendido" se declara el investigador senior del CEP, Vittorio Corbo, de que en el Reino Unido haya triunfado finalmente la alternativa de salirse de la Unión Europea (UE). "Pensaba que iba a primar la racionalidad dados los costos que va a tener. Que al final, en el momento duro de entrar a la urna, la gente iba a sopesar mucho más el salto al vacío que estaba dando", explica. Pero no fue así y ahora el mundo, incluido Chile, deberá lidiar con sus consecuencias, las que si bien no son catastróficas, sí serán amplias y extendidas en el tiempo, advierte el economista.

Para nuestro país pone tres focos de atención: esto afectará el crecimiento, por lo que se debe tratar de compensar con políticas internas; el problema no se soluciona con gasto público, por el contrario, hoy menos que nunca se puede incumplir la regla fiscal; y el ministro Rodrigo Valdés requiere todo el apoyo de la Presidenta para acotar el Presupuesto 2017.

Según las proyecciones del Consensus Forecasts, Reino Unido caería en una cuasi recesión en 2017. ¿Qué tan grave lo ve usted?

Puede ser que esas proyecciones queden cortas y nos vayamos ajustando con el paso del tiempo. De hecho, no descarto que el Reino Unido entre en recesión y que el crecimiento de 2017, en vez de ser 0,4%, sea negativo. Aquí se abre una gran incertidumbre, porque Reino Unido estará sujeto a muchas reformas a la vez: una tiene que ver con políticas de competencia, otra con políticas de migraciones, una tercera con las relaciones comerciales con el resto de Europa. Ante ese escenario veo un gran impacto en las decisiones de inversión, de empleo y en el crecimiento del Reino Unido. Pero, además, la incertidumbre va mucho más allá de eso, dada la posición pro Unión Europea de Escocia y de Irlanda del Norte. Habrá mucha tensión interna y es posible que políticamente el Reino Unido también termine reducido en tamaño.

¿Qué pasará con su desarrollo financiero?

En el Reino Unido hoy está sobredesarrollado su sector de servicios financieros, que emplea mucha gente en forma directa e indirecta. Eso claramente se va a atrofiar por el hecho de que los servicios financieros no tendrán el trato actual si mañana va a estar fuera de la UE. Hoy, el mercado de Londres es más que Wall Street en todo lo que son los productos derivados. Más del 50% de los contratos de derivados en el mundo se hacen en el Reino Unido.

¿Debiera perder ese sitial?

Lo más probable es que sí. De hecho, ya los bancos están moviendo a su gente hacia nuevos centros que van a ser Fráncfort en parte y París en parte.

¿Y cómo impactará al resto de Europa?

El costo más grande lo paga el Reino Unido, pero esto llega en momentos en que la recuperación de Europa todavía es tenue. Teníamos a la UE transitando a un crecimiento en torno al 1,5%-2%, que está por sobre el potencial. De hecho, estamos celebrando que en el primer trimestre de 2016 Europa superó el nivel de producto que tenía el primer trimestre de 2008. Por primera vez se recuperó el nivel que se tenía hace ocho años (PIB a precios constantes). Y justo llega este golpe. La UE vería reducido su crecimiento en 2017 en cerca de medio punto, según las primeras estimaciones. Reino Unido es casi un quinto de la UE.

¿En el caso del crecimiento mundial?

Hoy día, el escenario externo es más negativo que el que teníamos hasta el día del Brexit y claramente el mundo va a crecer algo menos. Si estábamos pensando hace poco que el mundo en paridad de poder de compra iba a crecer en torno a 3,1%, lo más probable es que sea más cerca de 2,9% este año, su peor resultado desde 2009 y el segundo peor casi de los últimos 40 años. Y el próximo año el crecimiento se proyectaba antes en 3,6% y ahora va a ser de 3% o por debajo de eso. El golpe más grande del Brexit en el crecimiento mundial será en 2017, porque 2016 ya está jugado.

Chile

¿Este nuevo escenario externo significa para Chile que el mundo no nos dará una mano en la recuperación?

Significa que esa manito no va a estar. Por eso, hay dos factores relevantes a considerar. Primero, que hay que seguir regando este gran activo que hemos creado en los últimos años de tener una situación macro-financiera ordenada, con una regla fiscal y con un BC autónomo. Eso significa, especialmente en la parte fiscal, que es central que el compromiso que tomó el ministro Valdés de seguir avanzando en reducir el déficit estructural se cumpla hoy día más que nunca, porque todas las agencias de riesgo lo van a estar mirando. Sería otro shock negativo, aparte del Brexit, si nos desordenamos fiscalmente. Segundo, esto aumenta la necesidad de reducir la incertidumbre respecto del ambiente de política interna y, al mismo tiempo, destrabar proyectos de inversión. Si todo esto era importante antes, ahora es urgente, porque la economía mundial se ve menos favorable. En este momento, lo que necesitamos es tratar de compensar algo con políticas internas, pero si pensamos que es el gasto fiscal el que va a mover a este país estamos perdidos. El Presupuesto, cumpliendo la regla de balance estructural, es un activo muy importante y si lo depreciamos habrá un costo que será que el riesgo de Chile subirá y con ello el costo del financiamiento.

¿Es una trampa pensar que el gasto fiscal nos puede sacar de este estancamiento?

Es como lo del Brexit, que los llevaba al mundo feliz y ahora están viendo que no es así. Efectivamente, es una trampa. El costo de esa tentación sería hoy día, en este mundo que cambió después del jueves de la semana anterior, mucho mayor. Hoy día vale mucho más tener responsabilidad en el manejo macro que lo que valía antes del Brexit. Y más que nunca está claro también que si no hacemos nada, el crecimiento de Chile va a ser más bajo de lo que pensábamos antes.

¿En cuánto va a revisar sus proyecciones de crecimiento para este año y el próximo?

Para este año mantengo mi rango entre 1% y 2%, pero vamos a estar un poco más abajo dentro de él. Más cerca de 1,5% que de 2% por este shock. Y para el próximo año y hasta 2018 no veo un crecimiento más allá del 1,5% al 2,5%. Preveo unas décimas menos de lo que pensaba hasta hace un mes.

Cerrado ya el primer semestre, ¿ve algún atisbo de repunte interno?

Lo que vamos a empezar a observar ahora es un menor crecimiento en la construcción, y como el mercado laboral también se ha venido deteriorando, veo al consumo perdiendo fuerza. No veo fuerzas internas de crecimiento en el corto plazo. Aquí no hay crisis, pero sí un crecimiento mediocre, que no sólo se debe a los factores externos, sino también a los problemas internos, donde lo que pasó con la reforma laboral muestra lo equivocados que estamos. El país lo que requería para estos shocks externos es flexibilizar el mercado laboral para facilitar el ajuste de las empresas y contribuir al aumento de la productividad, pero lo que hicimos fue al revés.

En ese sentido, ¿cómo se está cerrando este capítulo de la reforma laboral?

Lo único positivo es que se acabó la incertidumbre, pero ahora tenemos que vivir con las consecuencias de lo que está ahí.

¿Cómo ha actuado el gobierno en términos de acotar la falta de certeza?

No he visto señales claras ni contundentes de mejora como las que exige el momento actual. Si antes del Brexit ya la economía chilena estaba con un crecimiento muy bajo, ahora hay que hacer más esfuerzos en tratar de despertar los espíritus internos.

¿Ve posible modificar las reformas en un próximo gobierno?

Creo que muchas cosas se pueden suavizar. Como dice el último informe del BID sobre ahorro en América Latina, para promover el ahorro y mejorar la asignación de recursos y la inversión, juega un rol muy clave tener un sistema de impuestos integrado, y en Chile el sistema que hemos creado es semiintegrado. Por eso, veo a futuro movimientos en favor de una reforma a la reforma tributaria para integrar de nuevo el sistema, porque al final las que pagan impuestos son las personas. En la laboral va a ser más difícil, como le ha costado al pobre Hollande en Francia.

El ministro Valdés

¿Cree que el ministro Rodrigo Valdés va a terminar el gobierno a la cabeza de Hacienda?

Yo creo que la probabilidad hoy día es mayor que antes del Brexit, porque el valor de la responsabilidad y de lo que él está haciendo se hace ahora más urgente. Vamos a navegar en aguas mucho más tormentosas, lo que requiere un capitán que sepa cómo hacerlo, y ahí no hay ministro mejor calificado que Rodrigo Valdés. Hoy día su calificación vale mucho más.

¿Comparte el hecho de que las anteriores dos semanas fueron las peores desde que llegó a Hacienda?

Eso es lo que leo en la prensa, pero espero que el sistema político aprecie el gran activo que tiene el país en el ministro Valdés.

¿Siente que la Presidenta lo ha respaldado lo suficiente o se requieren más señales al respecto?

Según una entrevista reciente que leí de él, y no tengo por qué dudarlo, tiene el apoyo de la Presidenta, pero el test verdadero va a ser el Presupuesto 2017, donde requiere todo el apoyo de ella, en el sentido de respaldar la regla fiscal. De esa regla va a salir el nivel de crecimiento del gasto compatible con los ingresos sustentables en el tiempo. Habrá una discusión grande respecto de la asignación de ese gasto entre distintos sectores, donde la prioridad estará en educación y salud. Eso significa que a alguien le van a dar menos, lo que requiere de un apoyo relevante.

¿En qué nivel debieran estar los parámetros para el Presupuesto 2017 y el gasto final?

Hoy, el crecimiento potencial es más cercano a 3% que al 3,6% que se usó el año pasado. En el caso del cobre, hablamos de algo más cerca de US$ 2,50. Con esos parámetros, el crecimiento del gasto va a tener que ser muy moderado, de 3% hacia abajo.

¿No ve espacio para que en esa pugna lo que se termine sacrificando sea el compromiso de reducir el déficit estructural?

Sería especialmente lamentable en esta coyuntura, pero, además, no veo el beneficio si el problema de Chile no se soluciona con gasto fiscal. El problema de Chile tiene que ver con el ambiente de negocios.

Pero estos serán dos años electorales, donde se genera un mayor nivel de demandas...

Pero este es un país serio. En Brasil pasó eso, que Dilma Rousseff antes de las elecciones aumentó el gasto significativamente y algunas cosas ni siquiera se informaron, y al final terminamos con que el déficit fiscal no era 6%, sino que 10%. Lo mismo en Argentina con la Presidenta Fernández. Pero en Chile no pasa eso, aquí hay mucha más transparencia y más responsabilidad.