Opinión La Tercera, 6/9/2009

Volver al TIMSS es un acierto

Harald Beyer |

¿Sabía usted que sólo un cuatro por ciento de nuestros estudiantes de octavo básico utiliza el texto escolar como fuente primaria para la clase de matemáticas y que esta proporción se eleva en países de buen rendimiento matemático a más del 65%? ¿Sabía, además, que nuestros estudiantes están entre los que tienen menos tareas de matemáticas? En ciencias, nuestros estudiantes están relativamente mejor preparados en medioambiente y peor preparados en biología. En matemáticas están muy mal preparados en álgebra y algo mejor en el análisis de datos.

Esta información proviene de la prueba Timss en su versión 2003. Antes, Chile había participado en la segunda versión correspondiente a 1999. Inexplicablemente se excluyó en la versión 2007 que nos correspondía rendir, como consecuencia de la diferencia en la estructura del año escolar entre los hemisferios norte y sur, a fines de 2006. En esa oportunidad participaron 61 países, cuatro provincias canadienses, el País Vasco y dos estados de EEUU.

El interés de tantas naciones por participar en esta prueba, incluidos países de excelentes desempeños, no es casual. La información que recoge y los análisis que se realizan en los diversos reportes son particularmente pertinentes para el diseño de las políticas educativas. Así lo demuestra, una vez más, el reporte de esta cuarta versión que se dio a conocer en diciembre de 2008.

Los argumentos ofrecidos en su momento para excluirse de este examen, responsabilidad que recae no en este gobierno, sino que en el anterior, fueron, por decir lo menos, débiles. El 2006 había otros exámenes en marcha. Desde luego las pruebas Simce de cuarto y octavo básico y las internacionales Pisa y Serce. Pero estas últimas, al igual que el Timss recaían sobre una muestra pequeña de establecimientos y alumnos.

Por ejemplo, para esta prueba en 2003 se seleccionaron 195 establecimientos y 6.377 estudiantes de un total de 5.165 y 286.050, respectivamente. Las otras dos pruebas internacionales se realizaron, además, en otros niveles educativos distintos a octavo básico. Exámenes como éstos siempre generan alguna pequeña molestia en los establecimientos y costos adicionales al Estado, pero sus beneficios son tan significativos que estos aspectos quedan rápidamente sobrepasados.

Además, si estamos realmente comprometidos con una educación de calidad, qué mejor que sumarnos a pruebas donde participan los países de mejores desempeños y que nos permiten una reflexión profunda sobre nuestra situación educativa.

Por esta razón, no cabe más que celebrar la decisión de las autoridades educacionales de reincorporar a Chile a esta reputada prueba internacional a partir de su versión 2011 (que se toma en Chile a fines de 2010). En esta ocasión, además, se ha decidido que ella se extienda a cuarto básico con lo que tendremos una información más temprana de cómo nuestros niños están aprendiendo matemáticas y ciencias en relación con sus pares de otras latitudes.

También permitirá evaluar si las brechas que tenemos con otros países aparecen tempranamente o crecen con el paso del tiempo. Es importante recordar que las participaciones de 2003 y 1999 revelaron que teníamos un retraso aproximado de cuatro años pedagógicos en la enseñanza de las matemáticas y de dos a tres en ciencias.

Es justamente esta realidad la que nos obliga, quizás mucho más que a otros países, a evaluarnos con regularidad y en diferentes niveles. Bienvenida, entonces, esta decisión y es de esperar que en el futuro nunca más nos restemos de pruebas internacionales de calidad.

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