Puntos de Referencia Nº 243, julio 2001.

Déficits en cuenta corriente y entrada de capitales. Una perspectiva de política económica

Sebastián Edwards |
  • Las crisis cambiarías de la década de 1990 no fueron adecuadamente anticipadas. La mayoría de los analistas no se había percatado de las debilidades financieras existentes en México y el Este Asiático y, al irrumpir las crisis, prácticamente todos los observadores quedaron sorprendidos por su intensidad. En consecuencia, durante el transcurso de los últimos años, los macroeconomistas en las instituciones académicas, organizaciones multilaterales y bancos de inversión, han estado frenéticamente desarrollando modelos que ayuden a la “detección temprana” de crisis.
  • No parece haber coincidencia entre los diversos autores respecto del papel que ha jugado el déficit en la cuenta corriente sobre los recientes colapsos financieros. Así mientras algunos analistas sostienen que tras los principales ajustes cambiados se encuentra el alto déficit en cuenta corriente, otros consideran que la cuenta corriente no ha sido de gran importancia en muchos de estos episodios. Esta última perspectiva la representa claramente Larry Summers, el anterior Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, quien ha sostenido que “Las tradicionales variables macroeconómicas, en la forma de políticas monetarias extremadamente inflacionarias, gran déficit fiscal o incluso un alto déficit en cuenta corriente, estuvieron presentes en varios casos, pero no fueron causas necesarias de la crisis en todos los casos”.
  • Stanley Fischer se encuentra entre los que adhieren a la perspectiva contraria. Ha sostenido que: “el principal indicador (de una crisis en ciernes) es el déficit en la cuenta corriente. Un alto déficit en la cuenta corriente actual o proyectado —o, en el caso de países que deben efectuar altos servicios de deuda, superávits insuficientes— , constituye un llamado a la devaluación”. En la práctica, más allá de este debate, los participantes en los mercados y, en particular, los inversionistas privados siguen muy de cerca la evolución de la cuenta corriente de las naciones emergentes. Es así como se ha resumido este asunto de la siguiente manera: “¿Qué nivel de déficit permanente en cuenta corriente debería considerarse como sustentare? La opinión convencional es que un déficit en cuenta corriente superior al 5% del PIB constituye una alerta roja, especialmente si el déficit está siendo financiado por deuda de corto plazo...”
  • La evidencia empírica reciente sugiere que al excluir África de los análisis —y existen buenas razones para hacerlo— , el incremento del déficit en cuenta corriente aumenta la probabilidad de una crisis cambiaría, independientemente de cómo se defina “crisis”. Los ajustes que estas crisis conllevan en la cuenta corriente tienen un efecto adverso sobre la inversión agregada; más aún controlado por inversión, la evidencia sugiere que los ajustes tienen un impacto negativo sobre el crecimiento per cápita del PIB. De ahí que un alto déficit en cuenta corriente debería ser causa de preocupación de la política económica de los países emergentes.
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