Puntos de Referencia N° 335, julio 2011

El momento económico internacional y nacional. Julio 2011

Vittorio Corbo |

En los últimos meses, la ya moderada recuperación de los países avanzados, habitual después de crisis financieras, perdió fuerza, afectada en parte, por una serie de shocks negativos que han golpeado recientemente a la economía mundial. Entre estos destacan: (1) los problemas geopolíticos en el Medio Oriente y el Norte de África y sus efectos en el precio del petróleo y en la seguridad de su suministro; (2) los efectos del terremoto/maremoto de Japón en su actividad económica y en el abastecimiento de componentes a la industria manufacturera mundial; (3) los problemas climáticos en varios países avanzados, especialmente en EE.UU.; y (4) los problemas de solvencia de los países periféricos de Europa, y sus efectos en la banca y en los mercados financieros.

Los efectos negativos de los tres primeros shocks se debieran ir moderando en los próximos trimestres. Sin embargo, la resolución de la crisis de deuda de los países periféricos de Europa será un proceso lento, no exento de problemas, que va a requerir una combinación más balanceada de ajuste-financiamiento-restructuración y reformas estructurales. Hasta ahora lo que más hemos visto es sólo financiamiento y algo de ajuste. Por lo anterior, los efectos de esta crisis se seguirán sintiendo en Europa y en los mercados financieros internacionales por bastante tiempo.

En el caso de EE.UU., la principal economía mundial, hacia fines del año pasado se celebraba que el crecimiento comenzaba a apoyarse en pilares más sólidos. Sin embargo, como resultado de los shocks recientes en el precio de los alimentos y del petróleo, el crecimiento de los salarios reales y del consumo privado se redujo substancialmente lo que redundó en una caída en la tasa de crecimiento anualizado a sólo un 1,9% en el primer trimestre de este año.

Varios países emergentes y en desarrollo han mostrado señales de sobrecalentamiento y su inflación ha estado aumentando como resultado de la desaparición de las holguras de capacidad y de las alzas en los precios internacionales de alimentos y combustibles. Por ello, han estado reduciendo los estímulos macroeconómicos e introduciendo restricciones macroprudenciales para mantener la inflación controlada o evitar burbujas en los mercados de crédito. Como resultado, su crecimiento ha estado reduciéndose en el margen.

El crecimiento mundial debiera tomar algo más de fuerza en el segundo semestre de este año cuando se disipen los efectos de los shocks temporales recientes. Sin embargo, en lo que concierne a los países avanzados, lo más probable es que, con la excepción de Alemania, la recuperación continúe a una tasa demasiado modesta como para disminuir en forma significativa el desempleo.

El dinamismo de la economía chilena ha continuado apoyada por una serie de fuerzas: (1) un entorno externo favorable en lo que se refiere a términos de intercambio y costo y acceso al financiamiento internacional; (2) políticas macroeconómicas, tanto fiscales como monetarias, expansivas para esta etapa del ciclo, aunque el grado de expansividad de la política monetaria se ha estado reduciendo en los últimos meses; y (3) expectativas empresariales favorables.

El principal riesgo del cuadro macroeconómico chileno este año es que la demanda interna se desacelere menos de lo proyectado, generando presiones inflacionarias y, de no haber una mayor cooperación de la política fiscal, se requerirá una política monetaria que lleve la tasa de política a un nivel por encima del neutral resultando en una mayor apreciación real.

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