Puntos de Referencia Nº 200, junio 1998.

Estrategias de control de la contaminación atmosférica

Ricardo Katz |
  • La ciudad de Santiago supera las normas de calidad ambiental en varios contaminantes (material particulado respirable, PM10 , partículas totales en suspensión, PTS, monóxido de carbono, CO, y ozono, 0 3 ) , por lo que ha sido declarada saturada de manera legal. Lo anterior implica que las emisiones de estos contaminantes (salvo para el caso del ozono que es un contaminante secundario y por lo tanto lo que debe hacerse es dism inuir sus precursores) más que mantenerse constantes deben disminuir.
  • Entre las medidas posibles para reducir la contaminación de PM10 , objeto de este trabajo, se encuentran las siguientes.

1) Las fuentes fijas puntuales, combustión y procesos, deben ser integradas al sistema de congelamiento absoluto de emisiones y de compensación de las mismas. Debe permitirse que estas fuentes compensen sus emisiones con otro tipo de fuentes, tales como la pavimentación y limpieza de calles y emisiones por tubo de escape de fuentes móviles.

2) En el caso de las emisiones provenientes de viviendas, debería obligarse a los municipios a compensar el aumento de emisiones que estas implicarían (construcción, calefacción, cocina, etc.) a través de proyectos de limpieza de calles, pavimentación de las mismas y proyectos destinados a evitar que el polvo natural proveniente de los cerros u otras fuentes "ing re se " a la ciudad.

3) Probablemente la fuente de emisión más relevante la constituye la vialidad. Las emisiones de la vialidad están estrechamente relacionadas con el contenido de polvo en la carpeta de rodado y con la circulación de los vehículos, incluyendo los catalíticos. Esto implica la necesidad de implementar dos tipos de acciones, limpieza y pavimentación (incluyendo acciones destinadas a impedir el "ensuciamiento" de las calles), y regulación de la cantidad de vehículos que circulan (número, kilómetros totales y velocidad).

  • Debemos tener conciencia de que existe la posibilidad de que ni siquiera con las mejores tecnologías posibles (obviamente incluyendo pavimentación y limpieza de calles), sea posible cumplir con las normas actuales de calidad ambiental. S i esto fuera así, habría que disminuir el nivel de actividad, o cambiar la norma. Para ambas situaciones, se requiere de un consenso importante en cuanto a los costos reales que implica la contaminación atmosférica versus los beneficios derivados de v iv ir en una ciudad con la oferta integral de calidad de vida que presenta Santiago.
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