Puntos de Referencia Puntos de Referencia N° 540, julio 2020

El rol de los test en la pandemia: definiciones y recomendaciones

Alejandra Benítez U. | Carolina Velasco O. | Valentina Cox |
Foto: Internet

Muchas medidas han sido aplicadas —aunque a diferentes ritmos—, enfatizando en las cuarentenas y el fortalecimiento de los hospitales desde etapas tempranas. Sin embargo, no se contó con una estrategia masiva de detección, rastreo y seguimiento, sino hasta junio, cuando comenzó a ser implementada.

A casi cinco meses desde el primer caso detectado de la COVID-191 en Chile, el número de contagiados y fallecidos confirmados asociados a dicho virus alcanzan un total de 349.800 y 9.240, respectivamente, según las cifras oficiales al 28 de julio (Ministerio de Salud 2020). El virus causante de la COVID-19, llamado SRAS-CoV-2, se propagó de manera creciente en Chile por cerca de cuatro meses, alcanzando a mediados de junio un peak en el número de infectados diarios, cuando la ocupación de camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) llegó incluso a 100% en algunas regiones y en varias otras se mantuvo por sobre el 90% (incluso al 27 de julio en la zona norte, con 92% en las regiones de Antofagasta y Coquimbo, y 90% y 94% en las zonas occidente y sur oriente de la Región Metropolitana), de acuerdo con el reporte de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (SOCHIMI 2020)2. Actualmente, se ve una disminución sostenida en el número de casos, planteando el desafío de la “desescalada” de las medidas implementadas para disminuir y detener la propagación, que implica un equilibrio delicado para evitar rebrotes o contenerlos rápidamente.

La evidencia reciente indica, por un lado, que las medidas de distanciamiento social (cuarentenas, cierre de comercio, entre muchos otros) son fundamentales para contener y mitigar el avance del virus (OCDE 2020a); pero, por otro, que estas son insuficientes (Nussbaumer-Streit et al. 2020). Se requiere, además, de una coordinación entre diferentes niveles y sectores y una comunicación efectiva (Blackman et al. 2020), en particular, respecto del riesgo de este virus (Van Bavel et al. 2020); de apoyo económico para que las personas puedan “quedarse en casa” (Leape 2020); y de una estrategia extensiva y constante de detección del virus y de aislamiento y seguimiento de los casos, incluyendo el adecuado tratamiento cuando corresponda (Li et al. 2020, Peak et al. 2020).

En Chile, muchas de estas medidas han sido aplicadas —aunque a diferentes ritmos—, enfatizando en las cuarentenas y el fortalecimiento de los hospitales desde etapas tempranas (como compra y reconversión de camas y ventiladores y, capacitación de personal). Sin embargo, no se contó con una estrategia masiva de detección, rastreo y seguimiento, sino hasta junio, cuando comenzó a ser implementada. Dicho plan involucró un aumento importante del personal dedicado a esta labor dentro del Ministerio de Salud, la incorporación de los establecimientos de atención primaria y el aumento de los cupos en residencias sanitarias para el aislamiento seguro.

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