Puntos de Referencia Puntos de Referencia N° 600, abril 2022

Desafíos para la Democracia: El populismo como una nueva forma de gobierno

Diego Rossello | Nadia Urbinati |
Foto: Chris Slupski

Transcripción del seminario “El populismo como una nueva forma de gobierno”, celebrado el 12 de julio de 2021, como parte del ciclo “Desafíos para la Democracia”, organizado por el Columbia Global Center Santiago de la Universidad de Columbia y el CEP.

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  • Para entender el populismo debemos prestar atención al tipo de democracia contra la cual el populismo se moviliza y reacciona, así como a la forma en que utiliza y transforma las instituciones democráticas.
  • El populismo, como movimiento de oposición, no es tan peculiar ni distintivo; lo central, es el populismo como forma de gobierno, el populismo en el poder. Populismo y democracia viven y mueren juntos. Por esta razón la temporalidad, en términos de no tener una vida autónoma propia, es característica del populismo.
  • El populismo promueve tres grandes transformaciones o redefiniciones, siendo la primera la del pueblo. Se basa en un pueblo que es una “parte del todo” que, sin embargo, quiere jugar el juego de ser todo, de ser el país entero, porque afirma ser la parte más representativa de la población.
  • La segunda transformación es la del significado de la elección y la mayoría. En democracia, la mayoría es una regla del juego, un método de selección. Pero según los populistas en el poder, la elección es como un veredicto que prueba que el pueblo está en lo correcto. Las elecciones y la mayoría revelan la verdadera parte de la población, el pueblo auténtico.
  • La tercera transformación es la de representación que se transforma en representación directa. Representación directa significa una representación que se realiza a través de una relación directa entre el líder y su pueblo. Por lo tanto, el núcleo del populismo es la relación entre estas dos partes –el líder y el pueblo— quienes deben estar en comunicación permanente ya que no pueden existir aparte.
  • La representación como encarnación está predispuesta a hacer de la legislación un poder punitivo contra los enemigos que han sido declarados no pertenecientes al pueblo (aunque paguen los impuestos y sean ciudadanos de pleno derecho). También abre la puerta a la corrupción.
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