Puntos de Referencia Puntos de Referencia N° 557, diciembre 2020

Ira y tiempo: Sloterdijk y el momento constitucional

Carla Cordua | Carlos Peña G. |

En la sociedad contemporánea la ira y su expresión ha sido sustituida por una simple erótica del consumo. De esa forma, la violencia aparece a veces como la destrucción de un objeto imposible de alcanzar.

El momento constitucional arriesga una paradoja: nunca es más necesario el diálogo racional; pero nunca los ánimos habían estado más encendidos y menos dispuestos a ello. Explorar uno de los componentes de esa paradoja es un asunto público al que las humanidades pueden contribuir. Una conciencia esclarecida de los factores que configuran un momento cultural o político, recurriendo a la historia o la filosofía, puede ayudar a una conciencia más clara de nuestra propia época. Una época se constituye no solo desde la eficiencia, sino también desde una conciencia del sentido que anima a quienes se desenvuelven en ella.

Es necesario en consecuencia dilucidar el lugar que la ira y la emoción poseen en esos momentos. La democracia es un procedimiento que exige la deliberación; pero no debe olvidar las pulsiones que coexisten en la estructura y la vida social.

Peter Sloterdijk en su obra Ira y tiempo traza un panorama del lugar que la ira y las emociones poseen en la historia política. Ese lugar habría sido anunciado por Homero en la primera frase de la tradición europea: “Canta O diosa, la ira del pelida Aquiles”. Ese lugar de la ira se habría olvidado. Recordarlo hoy día no erosiona las instituciones, sino que ayuda a que esa erosión no se produzca. No es la reflexión sobre el lado emocional o pulsional de la vida colectiva lo que daña a las instituciones, sino su olvido.

La ira no parece ser el resultado ni del simple deseo o su frustración, ni tampoco una elección racional o estratégica. Sus raíces parecen estar en lo que los clásicos llamaron thymos, la fuente del anhelo de la autoestima, del reconocimiento y del orgullo.

La historia política podría ser descrita como una economía de la ira, o como una economía timótica: momentos de acumulación o ahorro de ira, seguidos de otros de gasto o despilfarro. Habría en la historia, según sugiere Sloterdijk, verdaderos bancos de ira y empresarios que la administran. El comunismo y la Iglesia Católica habrían sido grandes administradores de la ira, entidades que la acumulan, postergan su expresión y la distribuyen en largos lapsos.

Considerando la concepción que Sloterdijk tiene de la modernidad y la manera como ésta desemboca en la religión del dinero, no parece asombroso que los representantes de la cultura moderna acumulen ira a lo largo de los empeños de sus vidas. La organización y el manejo del dinero en bancos les asegura a sus dueños el ejercicio de un poder amplio tanto sobre la sociedad como sobre el curso de la actividad política nacional y sobre el destino histórico de su grupo nacional.

En la sociedad contemporánea la ira y su expresión ha sido sustituida por una simple erótica del consumo. De esa forma, la violencia aparece a veces como la destrucción de un objeto imposible de alcanzar. Por este motivo, hacer un lugar al reconocimiento en la sociedad contemporánea al lado del anhelo de igualdad es uno de los desafíos que Peter Sloterdijk identifica en su obra.

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