Puntos de Referencia N° 323, julio 2010

El momento económico internacional y nacional. Julio 2010

Vittorio Corbo |

La economía mundial ha estado perdiendo dinamismo después de la sorprendente recuperación iniciada a partir del segundo trimestre del 2009, que llevó la tasa de crecimiento del PIB mundial a tasas en torno al 5% anualizado el último trimestre del 2009 y el primer trimestre del 2010. EE.UU. y China lideran la desaceleración. Esta caída en la tasa de expansión preocupa a los mercados por la incertidumbre que abre con respecto a la evolución futura de la economía mundial.

Continúa también la preocupación sobre la solvencia fiscal de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Esto ha llevado a gobiernos europeos —especialmente en la Zona Euro— a introducir programas de ajuste fiscal mucho antes de lo anticipado, en un intento por reducir el recelo de los mercados y, de esa forma, evitar que siga subiendo el costo financiero. Destacan los programas de ajuste fiscal de Grecia, España, Irlanda y Portugal. Fuera de la Zona Euro, el Reino Unido también ha anunciado planes contundentes para controlar la peligrosa dinámica de su deuda pública.

Otra preocupación de los mercados ha sido la solvencia de la banca europea, especialmente en países que están enfrentando una tormenta perfecta: colapso de su sector inmobiliario, recesión y ahora ajustes fiscales en las etapas iniciales de su recuperación. A esto se agrega la incertidumbre sobre los efectos que terminarán teniendo las reformas financieras en curso en las utilidades de los bancos, y en el incremento del crédito.

La combinación de una desaceleración del crecimiento mundial con la anticipación de programas de ajuste fiscal en Europa ha abierto un debate sobre cuál debiera ser la prioridad de las políticas: apuntalar la recuperación, o asegurar la solvencia fiscal. Este debate va a seguir presente hasta que se despejen las dudas sobre la naturaleza de la desaceleración en curso de la economía mundial: si es un fenómeno pasajero que forma parte del ciclo de recuperación, o bien algo más duradero relacionado a los problemas que siguen teniendo los países industriales (endeudamiento excesivo en el sector privado, mercados de crédito anémicos, niveles de desempleo que permanecen altos, etc.).

En la economía chilena destaca el alto dinamismo que ha estado experimentando la demanda interna, lo que debiera empujar el crecimiento del PIB a una tasa cercana al 5% este año. En paralelo, sorprende la baja expansión de la construcción, lo que indica que la reconstrucción está sólo en sus etapas iniciales y debiera ser otra fuerza de dinamismo de la actividad en los próximos trimestres. Dado el desempeño que lleva la economía, salvo que se den sorpresas muy negativas en la economía mundial, lo cual es poco probable, las brechas de capacidad se van a extinguir mucho antes de lo anticipado. Esto llevará al Banco Central a continuar con su proceso de reducción del excesivo estímulo monetario, para llevar la TPM a un valor por lo menos neutral en los próximos 12 a 18 meses. El riesgo es que, para contrarrestar el excesivo aumento de la demanda interna y sus potenciales efectos en la tendencia inflacionaria, la política monetaria tenga que jugar un rol contractivo, elevándose la TPM por sobre la tasa neutral.

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