Puntos de Referencia N° 386, diciembre 2014

¿Seguro único o multiseguros? Análisis del informe de la comisión presidencial de salud

Carolina Velasco O. |

Baje documento aquíEl sistema de salud chileno, compuesto por dos subsistemas de seguros, presenta diversos problemas acordes con las lógicas de funcionamiento de cada uno: (i) acceso a una atención oportuna y de calidad a los usuarios del Fonasa, (ii) acceso y movilidad en el sector privado, (iii) incentivos a la mejora en la institucionalidad que rige al sector salud y (iv) carencias en la prevención.

En este documento se analiza en qué medida las propuestas de la última comisión presidencial convocada para mejorar la salud en Chile se hacen cargo de dichos problemas y permiten cumplir los objetivos del sistema de salud.

La mayoría de los comisionados plantea organizar el sistema de salud en el largo plazo bajo un único asegurador. Las isapres únicamente podrían ofrecer seguros complementarios, los que serían altamente regulados.

Un seguro único tiene potenciales ventajas en cuanto a eficiencia, siempre que se cuente con altas capacidades institucionales y organizacionales; de lo contrario, las desventajas —burocracia, captura política— contrarrestan en la práctica sus cualidades. Así ocurre en países como Inglaterra, Canadá y Nueva Zelanda, donde, por ejemplo, existen largas listas de espera.

Chile no cuenta con dichas capacidades: el Fonasa presenta claros déficit en la atención, con listas de espera que en la actualidad afectan a 14% de los usuarios (casi 2 millones de personas). De establecerse un seguro único, Fonasa debería atender a 23% más de personas, cifra que crece cuando se mide en prestaciones.

Asimismo, quienes avalan la propuesta de un seguro único no parecen valorar las virtudes de la propuesta alternativa —un sistema de multiseguros donde las personas pueden elegir su asegurador— respecto del fomento a la competencia, mejora en la capacidad de respuesta a las necesidades de la población por parte de las aseguradoras e incentivo a la reducción de costos y a la innovación. Tampoco parecen apreciar las preferencias de los chilenos, ya que uno de cada cinco ha optado por una isapre y en el Fonasa uno de cada tres usuarios se cambiaría de poder hacerlo. Más aún, en otros países se ha calculado que para los usuarios poder elegir, por ejemplo, el prestador tiene un valor de hasta 260.000 pesos anuales. La propuesta de mayoría tampoco presenta consistencia entre el corto plazo —para el que propone un sistema de multiseguros— con el largo plazo —seguro único—, principalmente porque plantea un fondo mancomunado que iría absorbiendo cada vez más recursos en desmedro de las aseguradoras privadas, quienes deberían mantener los planes ofrecidos.

Dado que Chile ya cuenta con experiencia en regulación de seguros, en compensación de riesgo y en definir el contenido de un plan universal por parte del Ministerio y Superintendencia de Salud (SS), así como en base a las preferencias y cultura de los chilenos, este documento propone avanzar a un sistema multiseguros con nuevas reglas.

Las principales características serían: obligación para las personas de contratar un seguro de salud universal (de igual contenido) ofrecido por las aseguradoras (estatales y privadas) que participan; libre afiliación, y un fondo de compensación de riesgo financiado con un aporte por persona de cada entidad. Cada aseguradora fijaría los precios de los planes dentro de una banda y el Estado subsidiaría a las personas de bajos ingresos y de alto riesgo, garantizando así la libre elección.

Al igual que en el esquema de seguro único, se requieren cambios a la institucionalidad del sector estatal: independencia del Ministerio de Salud y más atribuciones para la SS y para el Fonasa, así como mayor autonomía y exposición a mecanismos de mercado para los prestadores estatales, en orden a que —igual que el Fonasa— participen en condiciones equivalentes con el sector privado.

Finalmente, se plantea que no existe justificación para la regulación de los seguros complementarios voluntarios propuesta (prima plana, precios y cantidades máximas), al menos desde el punto de vista técnico, dado que sus efectos son ineficientes y, además, porque escapan a la esfera de la seguridad social.

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