Puntos de Referencia Nº 222, marzo 2000.

Seguro de desempleo: elementos para la discusión

Harald Beyer |
  • El desempleo aumentó de una tasa media de 6 ,2% en 1998 a una de 9,7% el año 1999. Ello nos pilló en medio de una intensa campaña electoral. Los candidatos principales se comprometieron con un seguro de desempleo apenas asumiesen la Presidencia. Recién iniciado el período de Ricardo Lagos se anuncia como prioridad N ° 1 el envío al Parlamento de un proyecto de seguro de desempleo. En la discusión pocos se han detenido a estudiar cómo lo ha hecho el sistema de indemnizaciones actualmente vigente en este campo. S i bien este no es un seguro propiamente tal tiene características que lo hacen un buen sustituto.
  • Para realizar esta evaluación hay que tener en mente cuál es el tiempo promedio de desempleo en nuestro país. Pues bien, en los últimos años éste ha estado en torno a los tres meses. Con esos tiempos promedios, el 70% de los trabajadores con contrato en nuestro país están adecuadamente protegidos porque tienen derecho a tres o más meses de indemnización. Otro 2 0% es relativamente joven y se acaba de incorporar a la fuerza de trabajo. Ellos no pueden esperar beneficios en caso de desempleo. No los tienen ni en los países europeos más generosos. El restante 10% tiene derecho a indemnizaciones que no alcanzan los tres meses. Sin embargo, son relativamente más educados y probablemente tienen más capacidad de "asegurarse" por su cuenta. Hay en este grupo también muchas mujeres que entran y salen más frecuentemente de la fuerza de trabajo y por razones que poco tienen que ver con las condiciones económicas del país. En todo caso, una proporción superior al 70% podría estar adecuadamente cubierta si existiese una indemnización a todo evento. Un sistema de estas características tendría, además, efectos muy positivos en las relaciones laborales entre trabajadores y empleadores.
  • Por otra parte, las alternativas que se pueden idear están llenas de potenciales problemas. Los seguros de desempleo bien diseñados si bien son las alternativas más eficientes desde un punto de vista estrictamente económico nunca han podido ser implementados de manera correcta en las democracias más avanzadas. A pesar de que el sistema de seguros de desempleo europeo ha sufrido importantes reformas, aún le significan al Estado un gasto promedio del orden de 2 ,5% del PIB. El desempleo, por otra parte, sigue en torno al 10% y más de la mitad de los desocupados llevan 1 año o más desempleados. Las cuentas de ahorro, por otra parte, introducen distorsiones importantes en las decisiones de consumo y trabajo de las personas. Requieren montos importantes de cotización para que sean estables. Estudios para Estados Unidos indican que la cotización debe ser del orden de 4% mensual durante toda la vida laboral para que el sistema se financie.
  • Por último, no debe olvidarse que alrededor de un tercio de nuestros trabajadores son informales. Por muy bien diseñado que esté un sistema de protección del trabajador cesante, los ocupados informales nunca estarán adecuadamente cubiertos por dicho sistema. Se hace imprescindible, entonces, contar con programas de empleo de emergencia en situaciones de fuerte ajuste económico.
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