Hacia la formación de instituciones democráticas: Prácticas electorales en Chile durante el siglo XIX
A pesar de la frecuencia y regularidad de las elecciones en el siglo decimonónico chileno, la historiografía del período les ha prestado muy poca atención. El sistema político en general, señala J. Samuel Valenzuela en este artículo, ha sido presentado como un mero instrumento en las manos de una oligarquía —definida ya sea por su control del Estado o su vínculo con distintas fracciones de las clases altas—, de modo que se ha supuesto que los procesos electorales no tenían mayor importancia. Es más, dichos procesos se han rodeado de imágenes distorsionadoras tales, como la que asegura, contra toda la evidencia documental, que con el sufragio censitario sólo votaban hombres pudientes, o que la supresión en 1874 de los requisitos de propiedad, renta o ingreso para acceder a la ciudadanía electoral fuera producto de la presión de nuevos grupos sociales emergentes.
En este estudio se analizan las prácticas electorales hasta fines de la década de 1880. Ya en la década de 1840, se señala, la mayoría de la población que sufragaba provenía de los estratos medio y medio bajo de la sociedad, por lo que se puede afirmar que la politización electoral de artesanos y de otros sectores populares tiene raíces tempranas en la historia de Chile. Es más, la cantidad de personas, incluyendo mujeres, que de alguna manera participaban en las campañas electorales de la época superaba ampliamente el número de hombres que votaban. En consecuencia, sostiene el autor, aunque no se puede decir que las elecciones fueran democráticas, la actividad política en torno a ellas llevó a la creación de lealtades e identidades políticas perdurables, lo cual contribuye a explicar la fuerza que adquirieron los partidos políticos que surgieron desde mediados del siglo. Las prácticas electorales decimonónicas también generaron una cultura electoral competitiva y altamente militante, cuya influencia se extendería al siglo XX, es decir, mucho más allá de la ley electoral de 1890, que introdujo cambios trascendentales en la forma de organizar las elecciones, facilitando así el inicio de un sistema más propiamente democrático en el país. En suma, plantea Valenzuela, importantes aspectos de un sistema democrático logran desarrollarse mucho antes de que pueda decirse que el régimen político cumple con las exigencias formales mínimas que caracterizan a la democracia.
