Estudios Públicos Nº 28, 1987.

Ocupación, desigualdades y pobreza. Aspectos crónicos y política económica de largo plazo

Luis A. Fuenzalida |

Con apoyo en extensa revisión bibliográfica relativa a América latina y Asia, son fundamentadas dos ideas: a) para reducir la extrema pobreza es preciso entenderla y entender a la vez cómo funciona la economía; y b) el libre juego del mercado, por sí solo, no se ocupa adecuadamente de ella, ni siquiera en casos de "milagros económicos". El autor acoge la identificación de "el problema del empleo" con el trío de desocupación, desigualdad y pobreza, meras facetas de un solo problema. Reconoce que una economía de mercado, libre de distorsiones a la competencia de obstáculos a la nivelación entre valores privados y sociales y abierta al mercado internacional, puede resolver el problema del empleo. Recuerda por qué entre 1945 y 1980 la ocupación creció en menor proporción que la producción. Comparte la posición de quienes califican como muy ineficiente la acción indirecta para reducir la pobreza y desigualdad vía control de precios, subsidios a bienes de primera necesidad, salario mínimo, etc.; y reconoce la ventaja en eficacia que tiene la acción directa, es decir, el apoyo al sujeto mismo de extrema pobreza. Señala que el problema del empleo no es, pues, inherente al sistema capitalista de mercado, sino corregible medíante conjugación de programas asistenciales (paliativos) con aquellos de acción directa que apuntan a genuinas causas de pobreza. Todo ello es conciliado con teorías sobre el capital humano y libertad para escoger entre alternativas, y con ideas sobre segmentaciones en la oferta y demanda de servicios de trabajo. Se repasa luego el panorama de extrema pobreza en Chile hasta entrada la actual recesión.

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