Opinión | La Tercera, 19 de noviembre de 2018

Ciclista de las ideas

Lo más hermoso de su visita fue que las ideas y la filosofía nos unen. Su visita generó un interés tan diverso como transversal.

Peter Sloterdijk es un pensador original, provocativo que deja estelas de genialidad con sus palabras. Es un filósofo poco común. Se atreve a pensar con libertad y se ríe escondiendo una sutil seriedad. Algunos lo ensalzan como el Nietzsche del siglo XXI. Hay algo de cierto en ese juicio: su pensamiento navega con gracia sobre un profundo mar de historias. No en vano su “Crítica a la Razón Cínica” fue un éxito de ventas e “Ira y Tiempo” ya es un clásico.

Pero Sloterdijk también nos recuerda al gran David Hume. Ambos no pertenecen ni se amoldan a los cánones universitarios de sus tiempos. Él nunca ha estado en la batalla por los papers ISI ni en la carrera por una cátedra. Pero al igual que Hume, sus publicaciones trascienden los cánones del gremio académico. Estos pensadores nos remecen. Y sus ideas nos despiertan del cómodo sueno dogmático.

La semana pasada estuvo en Chile. Y la verdad es que fue un regalo.

El día lunes y martes conversó en el CEP. La casa no daba abasto con unas 400 personas cada día. El miércoles conversó con Cristián Warnken en la Biblioteca Nacional. Asistieron más de 300 personas que lo escuchaban y tomaban apuntes. Todo esto habla bien de Chile, más aún cuando se discute la importancia de la filosofía.

Qué tapabocas para aquellos que menosprecian o simplemente ignoran su relevancia.

Sus tres conversaciones nos dejaron ideas, pero también preguntas, muchas preguntas. Esto último es importante. Algunos criticaron que Sloterdijk evadía las respuestas o simplemente no respondía. Pero olvidan lo fundamental, esto es, la filosofía también es una invitación a preguntarnos, a dudar, a cuestionar lo conocido y lo establecido. Kant, citando a Horacio en su maravilloso ensayo acerca de la Ilustración, habla del sapere aude (atrévete a saber). El atrevimiento intelectual exige, por cierto, preguntar.

No parece casual que a Sloterdijk le guste andar en bicileta: es un ciclista de las ideas, que parte su travesía sin saber de dónde partió.

Y mientras pedalea, admira el paisaje descubriendo nuevas ideas.

Lo más hermoso de su visita fue que las ideas y la filosofía nos unen. Su visita generó un interés tan diverso como transversal.

La filosofía trasciende edades, colores políticos y clases sociales.

Así como Carla Cordua y Roberto Torretti asistieron con entusiasmo a los tres encuentros, también había muchos jóvenes, académicos, profesionales y empresarios. Fue recibido por el Presidente de la República, con quien habló en francés de Matta. Pero al bajarnos de un taxi en Parque Bicentenario, también fue abordado y recibido con emoción por un jardinero municipal que se abalanzó sobre el filósofo gritando su nombre. Su hijo, que estudiaba filosofía, era gran admirador de Sloterdijk. Vaya recuerdos de una visita inolvidable.

 

Leonidas Montes L.

Leonidas Montes L.

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