Opinión | La Segunda, 7 de diciembre de 2016

Constitución

Debo decir, sin embargo, en mi defensa, que no me considero de derecha, ni siquiera de centroderecha

Agradezco a Hugo Herrera que me haya mencionado, en su columna de ayer, entre los personajes que desde el mundo académico contribuyen a renovar la derecha, en lo que toca al actual debate constitucional. Debo decir, sin embargo, en mi defensa, que no me considero de derecha, ni siquiera de centroderecha, como se apresuran algunos a aggiornarse. Y puesto que alguien tan inteligente como Herrera me ha categorizado así, me veo en la necesidad de hacer una profunda retrospección a fin de saber qué hecho para merecer tal designación.

Puedo decir, mientras, que lo que he dicho respecto de la Constitución es que ha existido en Chile, desde sus albores, una retórica del orden constitucional, que si bien ha sufrido reveses, se mantuvo a flote hasta que durante la dictadura se decidió hundir esta retórica y reemplazarla por una revolucionaria que habló la lengua de la novedad. Ante este trastorno, que obedeció a una pluralidad de causas, lo que como estudioso me parece más sensato es recuperar esa tradición, tomando el texto de la Constitución de 1925, reformarlo a la luz del acervo constitucional vigente, y aprobarlo con las reglas actuales de modificación. Esto incluye, por supuesto, un acuerdo nacional y significaría una reposición simbólica de la tradición (y no restaurar la tradición misma), enaltecería la labor constitucional de la época democrática y dejaría abierto el debate para el futuro sobre cimientos compartidos, tal como ocurre en toda democracia robusta. Creo que la propuesta, así resumida, no hace de mí más que un individuo ecuménico. En otros asuntos, lo advierto, luzco opiniones más radicales.

Joaquín Trujillo Silva

Joaquín Trujillo Silva

Áreas de Investigación: derecho, filosofía política, literatura comparada, historia institucional y las ideas, estudios culturales.

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