Puntos de Referencia | Nº 413, octubre 2015

Diagnósticos alternativos sobre la crisis de confianza

En Chile se habla de un malestar social profundo que se reflejaría, entre otros aspectos, en la desconfianza interpersonal e institucional. También en la indiferencia hacia la política y la baja valoración de los representantes ciudadanos. Como parte de este malestar habría, además, mucho enojo con las élites por su incapacidad de entregarle certeza a los ciudadanos en áreas que son claves para su seguridad económica y personal. Si esto no se corrige, se argumenta que en una situación extrema podría incluso ocurrir una crisis institucional. Para enfrentar esta situación se requerirían cambios profundos y estructurales que, de alguna manera, rompan con el "modelo" que habíamos ido desarrollando. La Presidenta Bachelet se sintió representada por este diagnóstico.

Una de las complejidades que enfrenta esta hipótesis es la creciente satisfacción con la vida en general que manifiestan los chilenos y también la fuerte confianza en el futuro respecto de su situación personal y la de los hijos. Sin perjuicio de los numerosos problemas e inseguridades que enfrenta la población es difícil reconciliar esta evidencia con la idea de que ella está recorrida por un malestar profundo hacia la sociedad que hemos venido desarrollando. Una explicación alternativa es más plausible. La consolidación de la democracia y la modernización económica ayudan a satisfacer la aspiración de emancipación individual. Y algo de ello ha estado ocurriendo. Los chilenos sienten que tienen cada vez más control de sus vidas y libertad para elegir sus proyectos de vida. Esa realidad crea un ciudadano que es más crítico y que guarda distancia del poder y las instituciones de la democracia y del mercado. Son, por tanto, ciudadanos menos leales a las formas tradicionales de poder, aunque más asertivos, que exigen más de sus líderes políticos, de sus representantes, de las instituciones públicas y también de las privadas.

Si este es el escenario, y no uno de malestar, toda voluntad refundacional, puede ser poco atractiva para la población. Junto con una demanda por cambio hay otra por estabilidad. Como los procesos de modernización son complejos, más aún si van acompañado de un proceso de creciente vitalidad democrática que también supone escepticismo frente a los acontecimientos políticos, establecer un equilibrio no es fácil. En ese sentido, todos los actores interesados en vivir en un país mejor y que, más allá de los arduos debates coyunturales, están pensando con una mirada de más largo plazo en las instituciones y políticas públicas que son indispensables para avanzar ese país deben sentirse desafiados y obligados a participar con altura de miras en una deliberación que está lejos de ofrecer respuestas simples a los problemas de hoy.

Harald Beyer

Harald Beyer

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