Chile sigue envejeciendo y las políticas públicas no pueden seguir siendo reactivas: deben volverse preventivas.
Chile atraviesa un acelerado cambio demográfico. En 1992, solo un 6,6% de la población tenía 65 años o más; en 2024, esa cifra llegó al 17,7%. Este envejecimiento no solo plantea desafíos, sino que también abre una oportunidad para repensar cómo queremos vivir nuestra vejez.
La economía plateada surge precisamente como un espacio para ello: no solo desde la producción de bienes, servicios o nuevas dinámicas de consumo, sino también desde el reconocimiento y fortalecimiento del aporte social, económico y cultural que las personas mayores siguen realizando.
El desafío es enorme, pero también la oportunidad. Un ejemplo clave es la infraestructura: necesitamos ciudades caminables, sin veredas dañadas que generen caídas, con servicios accesibles y cercanos, y que garanticen autonomía. A esto se suma la urgencia de cerrar la brecha digital. Aunque durante la pandemia se avanzó en digitalización, aún queda mucho por hacer.
Según un estudio del SENAMA, un 88% de los hogares donde vive una persona mayor cuenta con conexión a internet. Sin embargo, su uso se concentra en WhatsApp y videollamadas, herramientas que, como ellos mismos reconocen, se han visto obligados a aprender. El temor a ser víctimas de estafas limita el uso de canales digitales: solo un 41% utiliza internet cotidianamente. Este escenario afecta el potencial del comercio electrónico: el año pasado, solo un 8% de las personas de 65 años o más realizó compras online, cifra que ha disminuido desde la pandemia.
La brecha digital también dificulta la realización de trámites que antes eran presenciales y que hoy deben hacerse online. Muchas personas mayores dependen de familiares para completarlos o requieren apoyo constante para aprender a realizarlos, lo que limita su autonomía y genera frustración.
El ámbito laboral es otro punto crítico. Las políticas públicas no han incorporado de manera sistemática a las personas mayores en sus estrategias; un reflejo de ello es que quienes pierden su empleo después de los 50 años tardan entre 7 y 11 meses en encontrar uno nuevo. Ante estas dificultades, muchos optan por emprender; sin embargo, la falta de acceso a crédito, entre otras barreras, empuja a buena parte de esos emprendimientos hacia la informalidad.
Aprovechar la economía plateada no implica gastar más, sino invertir mejor. Significa que el Estado, las empresas y la ciudadanía trabajemos en conjunto para construir un país donde envejecer no sea un problema, sino una etapa activa de la vida. Esto incluye crear incentivos para contratar y capacitar a trabajadores mayores, promover industrias orientadas al bienestar y la autonomía, fortalecer la alfabetización digital y fomentar el emprendimiento con realismo y apoyo efectivo.
Chile sigue envejeciendo y las políticas públicas no pueden seguir siendo reactivas: deben volverse preventivas. Hoy tenemos la oportunidad y la responsabilidad de rediseñar nuestro modelo de desarrollo, incorporando a las personas mayores como un nuevo impulso de crecimiento.



