Opinión | El Mercurio, 30 de diciembre de 2018

El año de las mujeres

No sorprende, entonces, que las mujeres sean, además, víctimas de abuso y acoso; problemas que brotan como callampas ahí donde hay asimetrías e instituciones débiles.

El movimiento feminista de este año tuvo una particularidad respecto de movimientos sociales anteriores: aunque sus posturas se asocian tradicionalmente al progresismo, esta vez todos se subieron al carro, al menos públicamente. El propio Gobierno hizo suya una agenda de propuestas que logró, junto con el rol de las universidades, y a diferencia de lo que pasó en 2011, apaciguar el fervor y encauzar el debate.

La transversalidad del movimiento feminista tiene razón de ser. Primero, porque los hombres tienen más fuerza, y la usan. Este año 41 mujeres han muerto a manos de quien era o fue su pareja. De entre 17 y 88 años, murieron mayormente apuñaladas o por disparos, pero también de golpes de hacha, y sus cuerpos fueron abandonados, descuartizados, quemados. Cierto, los femicidios son un hecho extremo, pero no un fenómeno aislado: en 2017 ingresaron 131 mil delitos de violencia intrafamiliar a la Fiscalía, similar a los ingresados por hurtos o robos.

Segundo, porque los hombres tienen más dinero. Las mujeres participan menos que los hombres del mercado laboral (49 vs. 71%) y cuando lo hacen, ganan menos. Fuentes y Vergara (2018) estiman que la brecha salarial que no se explica por características observables es de cerca de 20%. Consecuentemente, la pobreza es un asunto más bien femenino. Entre los adultos, esta alcanza el 5,6% para los hombres y el 8,5% para las mujeres, i.e., 51% más (Casen 2017). Aun así, a menudo les toca a las mujeres hacerse cargo de los hijos, con poco o nada de apoyo del padre. Casen 2017 revela que existen 723 mil mujeres jefas de hogar que viven sin una pareja y con al menos un menor de edad (hombres en esa situación son 86 mil, o sea, un noveno). De ellas, 417 mil no reciben un solo peso por pensión alimenticia. ¿Dónde están los padres de esos niños?

Tercero, porque los hombres tienen más poder. Las mujeres son menos de un cuarto del Congreso y menos de un tercio de los ministros. Entre los directorios de empresas del IPSA 6% son mujeres. Entre los 27 rectores de las universidades del CRUCh hay solo una. Entre los 90 columnistas de este diario hay 20 mujeres; una en Reportajes, ninguna en política (no sé el sexo de Joe Black, pero tengo mi apuesta). En suma, están fuertemente subrepresentadas en las esferas de influencia y toma de decisiones. ¿Será que "no hay mujeres"? El caso del directorio de TVN, en que el Gobierno tuvo que cambiar a sus designados hombres por mujeres, nombrándose luego dos excelentes profesionales, muestra que a veces solo falta abrir los ojos.

Fuerza, dinero, poder; tres de los principales motores del mundo, todos desigualmente distribuidos entre hombres y mujeres. No sorprende, entonces, que las mujeres sean, además, víctimas de abuso y acoso; problemas que brotan como callampas ahí donde hay asimetrías e instituciones débiles. Hemos conocido casos escabrosos contra mujeres en ámbitos de alta visibilidad. Qué quedará para las mujeres invisibles en trabajos poco glamorosos, donde no se usa Twitter ni se lee Sábado, y donde la alternativa es el hambre. Un reporte de la Equal Employment Opportunity Commission para EE.UU. revela que los cargos de acoso sexual en la industria de servicios de alojamiento y comida son nueve veces los de la industria del arte, entretenimiento y recreación.

En fin, hay buenas razones para ser feminista, y es de esperar que el ímpetu traspase 2018.

Loreto Cox A.

Loreto Cox A.

Área de Investigación: educación superior, distribución del ingreso, opinión pública.

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