Opinión | La Tercera, 2 de diciembre de 2018

El azar de la cuna

Si se trata de defender el derecho a elegir de los padres, no se conoce un mejor sistema que este, pues, al centralizar la información de todos los postulantes, puede optimizar la asignación de colegio, algo que el sistema antiguo no podía hacer.

Algunos diputados de RN han exigido terminar con el sistema de admisión escolar, mal llamado “tómbola”, y piden que los colegios puedan seleccionar por mérito. Es importante aclarar que el sistema de admisión centralizado no es una tómbola. Se trata de un algoritmo que asigna a postulantes a sus colegios favoritos, buscando la mejor combinación posible para que la mayor cantidad de niños quede en alguna de sus preferencias. En el nuevo sistema, todos los niños que postulan a un colegio deben ser admitidos, si la demanda es menor que la oferta. En los casos donde postulan más niños que vacantes disponibles, el sistema privilegia primero a los postulantes que tienen hermanos estudiando en el colegio, de manera que las familias puedan tener a todos sus hijos en un mismo colegio, si así lo desean. Una vez que se asigna a todos los postulantes con hermanos, el sistema prioriza a un 15% de alumnos más vulnerables, a continuación a hijos de funcionarios del colegio, y por último al postulante que estuvo matriculado y desea volver. Finalizada esta etapa, se llena el resto de las vacantes con los postulantes en función de sus preferencias y el azar.

Si se trata de defender el derecho a elegir de los padres, no se conoce un mejor sistema que este, pues, al centralizar la información de todos los postulantes, puede optimizar la asignación de colegio, algo que el sistema antiguo no podía hacer. El sistema es eficiente, en cuanto alcanza una asignación en que no es posible mejorar a un postulante sin empeorar a otro, y es justo, en el sentido de que postulantes con las mismas características observables son tratados de la misma forma, con independencia de su origen social.

Si bien el sistema tiene múltiples ventajas, eso no lo convierte en milagroso. Si 300 alumnos postulan a un colegio con 100 vacantes, 200 quedarán fuera. Pero esto es inevitable en cualquier mecanismo. La ventaja que ofrece este sistema, a diferencia del antiguo, es que esas 100 vacantes serán llenadas en función de las preferencias de los propios postulantes y no por pitutos o características socioeconómicas de las familias. Además, el proceso entrega más información y permite ver de forma clara algunos de los nudos críticos del sistema escolar, como, por ejemplo, la concentración de preferencias de las familias por algunos colegios que no tienen vacantes suficientes para responder a la demanda, dejando a muchas familias frustradas. Pero esos nudos críticos no son consecuencia de este sistema de admisión, este solo los saca a la luz.

¿Por qué no considerar otras características como el mérito académico? En enseñanza básica, particularmente en pre-kínder, cualquier medida de desarrollo o capacidad académica es, en realidad, una medida de capital cultural, que depende fuertemente del nivel socioeconómico. Asignar a los niños en función de esta variable sería, en el fondo, privilegiar a los niños de familias con más dinero, que es otra medida de azar, pero más injusta. Los que proponen utilizar el mérito a los tres años en realidad dicen que consideran preferible el azar de la cuna. Nos parece que esto solo contribuye a desnivelar aún más la cancha.

En cursos superiores (educación media), el sistema es perfectamente compatible con selección por rendimiento académico.

De hecho, el sistema de ingreso único a las universidades, que considera puntaje PSU y notas de enseñanza media, utiliza este algoritmo. El debate sobre selección por mérito en enseñanza media nos parece importante retomarlo, pero no es incompatible con el uso del algoritmo. Resulta difícil creer que gente inteligente y bien informada aún sostenga que se trata de una tómbola que decide por mero azar el futuro de los niños. El principio de Hanlon es un aforismo que dice que no debería atribuirse a la maldad lo que puede explicarse por ignorancia o estupidez.

Descartadas estas últimas, no queda otra alternativa que la primera.

Sylvia Eyzaguirre T.

Sylvia Eyzaguirre T.

Área de investigación: Educación, con énfasis en institucionalidad y formación docente; fenomenología y hermenéutica.

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Andrés Hernando

Andrés Hernando

Áreas de Investigación: Energía, Medio Ambiente y Pobreza

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