Opinión El Mercurio, 24 de octubre de 2016

¿El comienzo del cambio?

Harald Beyer |

Las razones para no votar son muchas, pero el panorama global no permite concluir que a la base de este fenómeno exista un cuestionamiento profundo al funcionamiento de nuestra democracia.

Hay una caída importante en la participación que va a ser interpretada como una muestra del gran descontento ciudadano que existiría en el país.

Estos resultados habrá que masticarlos por varios días para tener una mejor interpretación del mensaje que los ciudadanos quisieron transmitirles a nuestros políticos. Hay, evidentemente, un castigo al oficialismo, expresado no solo en los resultados de algunas comunas emblemáticas -Santiago y Providencia tienen indudablemente ese carácter-, sino también en la votación de las coaliciones, particularmente de alcaldes. En términos generales, la coalición opositora se ha beneficiado de ese castigo. No solo ha obtenido comunas emblemáticas, sino muchos de sus alcaldes titulares han aumentado su votación. Podrán sostener que ha comenzado un cambio de signo político. Por cierto, también hay alcaldes oficialistas que han obtenido buenos resultados, lo que sugiere que el castigo no ha sido completo. No es aventurado sostener que este se ha concentrado con más fuerza en figuras cercanas a la Presidenta Bachelet y con un carácter nacional. Pero la interpretación política en esta coyuntura parece clara.

Por supuesto, es difícil concluir que aquí exista algo definitivo, sobre todo en un escenario político tan fluido. Hay resultados sorpresivos como los de Valparaíso, que sugieren que las dos coaliciones principales pueden ser, en algunas circunstancias, desafiadas exitosamente. Pero, claro, aún no parece existir suficiente fuerza en el país para lograr un impacto significativo. Algunas nuevas caras de esas dos coaliciones, que incursionaron por primera vez en estas lides, tuvieron buenos resultados. Así, ambas coaliciones siguen dominando claramente los resultados agregados y en algunas comunas mostraron capacidad de renovación. Ello sugiere que logran representar a un grupo amplio de sensibilidades en el país.

La abstención fue la convidada de piedra a esta elección. Hay una caída importante en la participación que va a ser interpretada como una muestra del gran descontento ciudadano que existiría en el país. Sin embargo, ahí donde hubo una oferta amplia, incluso de grupos muy críticos de ambas coaliciones y de las instituciones y políticas públicas que el país ha desarrollado, la participación no fue muy distinta de otros lugares donde ello no era el caso. No se puede hacer, por tanto, una lectura tan clara de esta situación. Las razones para no votar son muchas, pero el panorama global no permite concluir que a la base de este fenómeno exista un cuestionamiento profundo al funcionamiento de nuestra democracia. Hay otros países que en este tipo de elecciones tienen tasas de participación aun menores a las observadas ayer. Por supuesto, hay problemas que deben y, en alguna medida, se están enfrentando. En todo caso, es un llamado de atención que las distintas fuerzas políticas no pueden desconocer.

El Gobierno queda en una posición aun más debilitada. Sus candidatos presidenciales seguramente fortalecerán sus recorridos por Chile. Intentarán recuperar un voto que parece esquivo. La oposición, en cambio, tiene más espacio para pensar adecuadamente su estrategia. Ha logrado una plataforma interesante para proyectar su candidatura presidencial para el próximo año, pero tampoco tiene demasiada libertad para cometer errores. La unidad en esta coalición no ha sido fácil, pero en esta elección mostró las ventajas que ella tiene. La competencia recién comienza y si bien la oposición parte con alguna ventaja, ambas coaliciones tienen el deber de convocar el próximo año a los electores con propuestas que logren atraerlos a las urnas. El desafío es mayor, pero no imposible.

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