Un reciente análisis del Centro de Estudios Públicos muestra que, para volver a los niveles previos al covid-19 faltarían cerca de 390 mil ocupaciones, equivalentes al 40% de las personas que se encuentran desempleadas.
Publicada en diarios regionales.
La debilidad del mercado laboral chileno es un problema que ha acaparado la agenda pública. Y no es menor. Durante el trimestre de mayo-julio de 2026, la desocupación alcanzó un 9,5%, es decir, casi un millón de personas buscando empleo sin encontrarlo. La preocupación no surge sólo por su magnitud, sino también por su persistencia.
A nivel nacional, la pandemia dejó una profunda huella en el mercado del trabajo. Y muestra de ello es el empleo agrícola.
El empleo no vuelve y el contexto amerita dos preguntas: cuántos puestos y en qué sectores no han vuelto. Un reciente análisis del Centro de Estudios Públicos muestra que, para volver a los niveles previos al covid-19 faltarían cerca de 390 mil ocupaciones, equivalentes al 40% de las personas que se encuentran desempleadas. Al descomponer esa brecha, el sector agrícola aparece con el mayor aporte a dicho rezago.
Pero esta fotografía requiere perspectiva. La participación del empleo agrícola viene disminuyendo desde mucho antes de la pandemia. En 1990 representaba cerca del 18% del empleo total, cifra que descendió paulatinamente hasta alrededor del 8% a fines de 2019, según datos de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad. Aquí aparece una distinción importante. Que el sector agrícola requiera relativamente menos trabajadores no es, por sí mismo, una mala noticia. Puede ser reflejo de ganancias de productividad y de una transformación que comenzó mucho antes de la pandemia.
Esta evolución tiene especial relevancia regional, donde aparece una correlación difícil de ignorar. En las regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble, Los Ríos y La Araucanía, el sector todavía representa una parte importante del empleo y las tasas de desocupación se ubican por sobre el promedio nacional, cercanas o superiores al 10%.
Parte de este deterioro puede tener una explicación más inmediata. Respecto al año pasado, la actividad del sector ha mostrado un desempeño particularmente débil durante la primera mitad del 2026. Si las empresas producen menos, es esperable que requieran menos trabajadores. Así, la tendencia de largo plazo del sector se combina con un componente cíclico que profundiza su rezago.
Pero tampoco parece ser toda la historia. Incluso con un mercado laboral débil, el gremio agrícola se ha pronunciado recientemente sobre las dificultades para encontrar trabajadores. Los altos niveles de informalidad, los ingresos relativamente bajos y la estacionalidad de estas labores sugieren que también pueden existir dificultades para atraer trabajadores hacia el sector.
El empleo agrícola que no vuelve parece esconder más de un fenómeno, pero deja una lección irrefutable. El mercado laboral cambió. Y en un contexto de avances tecnológicos vertiginosos seguirá cambiando.
El desafío hoy no es solo de corto plazo, sino diseñar políticas públicas audaces de reconversión laboral y formación continua de competencia que permitan que trabajadores se desplacen de ciertas actividades a otras áreas de la economía.



